Los meses previos a la llega del verano suele repetirse una misma historia: una estación del año de pronto se vuelve una especie de profesor malo que te evalúa y desaprueba por no haber podido “llegar” a él en las condiciones que te exigió que lo hicieras.
¿Qué significa “llegar al verano”? Llegar, llegamos todxs, pero el problema pareciera ser otro: hay que llegar con un cuerpo heteronormativo que, por lo general, es una imagen distorsionada de unx mismx. Y que difícilmente se pueda alcanzar en solo tres meses.
Pero este imperativo no pesa de igual manera para todxs: hay quienes pueden escapar de la policía de los cuerpos, y hay otras personas que son, desde siempre, el blanco preferido. Sin importar edad ni estadio de vida en que se encuentren, para las mujeres suele pesar especialmente “la cultura de la dieta”.
Incluso podríamos pensar que, a las mujeres, se nos enseñó a ocupar el menor espacio posible: la literalidad adquiere una dimensión violenta cuando cientos de chicas se enferman por la imposición social de la delgadez y el mandato de adelgazar sea como sea.
Por eso fuimos a buscar a Aluhe Martins Do Serro, la profesional que se encuentra detrás del proyecto Nutriciosa, para que nos explique en qué consiste la deconstrucción de una profesión siempre asociada a la culpa, y cómo es posible otra nutrición y otro modo de ejercicio profesional más empático e integral.
1- ¿Cómo nació Aluhe Nutriciosa? ¿Qué tenías en claro al momento de empezar con este proyecto y por qué decidiste hacerlo?
Empezó un poco con la necesidad de crear algo propio y por el hecho de no estar conforme con las instituciones que en ese momento conocía. Yo consideraba que no era buena trabajando para otros, que no podía adaptarme: la típica de pensar que el problema sos vos. Entonces empecé mi mini proyecto cuando recién empezaba a moverse el mundo de Instagram hace seis años, un poco con ese incentivo.
Primero fue un blog de viajes y comidas porque siempre me gustó viajar, sacar fotos y comer, básicamente. Después fue mutando a un espacio donde se abría un posible consultorio de nutrición, que surgió un poco por la demanda de redes. Con el tiempo fueron surgiendo diferentes cosas, pero la realidad es que yo no sabía lo que iba a hacer con “Nutriciosa”, pero sí el nombre “Nutriciosa” fue lo que le dio inicio al proyecto.
De hecho, yo registré la marca desde el comienzo porque sabía que algo iba a hacer con eso y sabía que me daba una esperanza mientras trabajaba a veces de lunes a viernes, o de lunes a lunes en alguna ocasión, con tal de sostener a ese proyecto que en ese momento era un pedacito y que hoy es de lo que vivo.
2- ¿Pensabas que se iba a expandir de esta manera? ¿Qué es lo que más disfrutas de la comunidad y de todo el contenido que generaste?
La verdad de si yo pensaba que se iba a expandir, es sí y no. Porque algo que pasa hoy en día -y cada vez más- es que uno no sabe hasta dónde puede llegar con las redes sociales. Cosas que uno no puede imaginar porque es muy millenial (me crie sin tecnología). En ese momento era una red social nueva, no se sabía ni lo que era una comunidad tampoco. Se veía como algo más lejano, porque era gente como más conocida que se movía en ese mundo.
Entonces no sabía. Sí quizás cuando empecé a hacer talleres de cocina y eso empezó a tener como una rueda en la que la gente venía todo el tiempo, había un buen intercambio y eso hacía crecer Nutriciosa. Eso hasta después me trajo un proyecto con Editorial Planeta. Esto fue en 2019, en ese momento me dije “esto es más grande de lo que yo imaginé”.
Y también es muy loco porque sigue mutando. Lo que más disfruto es el intercambio con la gente: ya sea en el uno a uno o con mi propio equipo. De hecho, armé mi equipo con gente que quizás está en una misma situación que yo, siempre trabajo con mujeres, entonces hay algo que se generó ahí que lo retroalimenta.
Hay épocas mejores o peores, o más desafiantes porque una cosa es estudiar algo de salud y otra cosa es ser una marca personal y emprender en Argentina que es un desafío constante.
3- ¿Cómo es una consulta con vos? ¿De qué modo trabajas para acompañar a tus pacientes y que se generen hábitos saludables?
Cómo son las consultas conmigo también es algo que fue mutando con el tiempo, con los años, y es algo que yo creo que cada vez va a cambiar más. Yo tengo un equipo que trabaja conmigo, en el que todas compartimos los mismos valores: somos todas nutricionistas y una médica generalista, tenemos una misma forma de pensar la nutrición. Si bien cada una está especializada en algo en particular, tenemos una misma base. Con las diferencias que pueden haber en cada una, que me parece algo fundamental.
Lo que nos identifica es que buscamos corrernos de la gordofobia. Llevamos adelante un mundo de la nutrición que realmente te mejore la calidad de vida, que parece obvio pero no es lo que sucede siempre: hay muchas miradas, muchos abordajes, dónde se pone el foco.
En base a eso, una consulta conmigo hoy es 100% online, con todas las “nutris” lo mismo, y yo trabajo de una manera no pesocentrista. Directamente no se usa la balanza, no se charla sobre ella excepto que la persona que viene quiera hablar sobre eso.
Quizás si alguien viene y dice “hola, quiero bajar de peso” es más “bueno, ¿por qué querés bajar de peso?, ¿cuál es tu historia con la alimentación?”. Es un trabajo más de qué cosas te pasan además de la alimentación: una mirada de salud integral abarca mucho más, hablar de alimentos es un pedacito. Se hace educación alimentaria pero también por fuera de la consulta con algún material, alguna charla, algún vídeo complementario, y el momento de la consulta es más para hablar cómo es la persona según lo que venga a trabajar.
Hay gente que, por ejemplo, trabaja sobre sus síntomas digestivos o alguna patología de base, o una suplementación, algo más clínico. O viene a hablar de cómo es su relación con la comida, por qué comemos tal cosa, educar sobre tal elección alimentaria (como puede ser la alimentación vegetariana/vegana). Entonces, depende del motivo de consulta y de quién tenga uno adelante.
En general duran una hora y no es del estilo “esto está mal, tenés que hacer esto y esto” sino que se trabaja de manera mucho más integral que dé lugar a cómo se ve la persona, y no si lo cumpliste o no lo cumpliste, que quizás eso da lugar a una nutrición más reduccionista de la que estamos acostumbrados.
Yo también atiendo infancias, y si bien cambió mucho en el sentido de que elijo no hacer presencial, es diferente la modalidad. Cuando trabajo con ellas, trabajo mucho más con los adultos responsables, donde ellos son los que quizás pueden empezar a cambiar la base. Después obvio que se trabaja también en alguna instancia con el adolescente o el niñe.
4- ¿Cuál es la clave para empezar a modificar nuestros hábitos y prestarle mayor atención a lo que le ponemos a nuestro cuerpo sin tener una mirada limitante?
Creo que primero se trata de tener una autoobservación. Registrar cómo uno se siente, qué hace, por qué hace lo que hace. Al principio no es tan fácil pensar eso. Muchas veces en estas entrevistas que hacemos que son más amplias y no tan clásicas, la gente en el momento empieza a darse cuenta o qué no tiene registro de cómo se siente, ni siquiera de las veces que va al baño ni qué come, qué se cocina, si se cocina o si no. Entonces estas entrevistas dan lugar a muchas otras preguntas: si te viene la menstruación o si no menstruas hace tres meses (siendo persona menstruante), si normalizas síntomas, que pasa un montón a lo largo del tiempo y por la vorágine del día a día. En base a esto se constituye el primer paso: darse cuenta y tratar de estar con alguien que te acompañe en el proceso.
Se trata de tener en cuenta eso: que es un proceso, todo cambio de hábitos lo es. Si un día no lo cumplís no va a influir directamente. A veces pasa que tenemos esta cosa de “el lunes arranco” entonces jugamos a todo o nada, que está atravesado por la cultura de la dieta y de por qué cambiamos nuestra alimentación. Es bueno preguntarse por qué tenemos como objetivo este cambio de hábitos, que en realidad siempre está atravesado por el descenso de peso o por el anhelo de cambiar el cuerpo, sobre todo, con una mirada de género, sobre las mujeres.
Entonces para mí esos son los primeros pasos para empezar a cambiar: vos poder entender por qué lo querés hacer, qué es lo que te mueve. Si querés bajar de peso, ¿por qué querés realmente hacerlo, incluso hasta llegar en situaciones en que “no te importa nada” cómo te sentís, si tenés energía o dormís bien, si tenés síntomas constantes? Entonces ahí tenemos esa mirada muy reduccionista de la salud que todavía permea en mucho de lo que se ejerce todavía.
5- ¿Cómo es desmitificar una profesión que estuvo unida siempre en el sentido común al peso y a las dietas cuyo único objetivo siempre fue pensado para adelgazar? ¿Cómo es dar un mensaje de acompañamiento y empatía en un mundo tan asociado a la culpa?
Dar un mensaje diferente en nutrición es bastante difícil por momentos, porque además tener que romper y deconstruir tu propia mirada que muchas veces es gordofóbica también, o que vos podes serlo con vos mismo, incluso como profesional que es de las cosas que más sucede. Si estas toda una parte de tu vida ejerciendo de una manera muy restrictiva y con una mirada muy centrada en lo estético, en el peso, en cómo hay que verse, es muy difícil separarlo.
Nadie te habla de esto. Obviamente porque dentro de las instituciones, hasta lo que yo sé todavía (me recibí hace diez años), no circula este pensamiento crítico sobre lo que se enseña. La currícula sigue siendo la misma. Salvo algún docente que tenga alguna otra mirada, que te comparta otros valores. Hablamos de salud muchas veces, pero no hablamos de valores. Sí, nos hablan de ética profesional pero no se lleva a cabo como tal.
La realidad es que la nutrición está en boca de todos porque todos comemos, pero también porque existe esta vorágine y estas ganas siempre de cambiar el cuerpo, por la exigencia social también. Es muy difícil también porque primero uno tiene que empezar, no es que ya tenés la garantía de “listo, ya me pasó, ya me deconstruí y ahora puedo hablar de esto”. No pasa así, te va pasando a medida que lo vas haciendo, y me parece que es parte de las contradicciones que van surgiendo. Acompañar desde ahí.
Pero también pasa que mucha gente muchas veces no tiene ganas de escuchar esto, tiene ganas de que le digan lo que tiene que hacer. Y eso termina siendo algo que queda en el aire porque muchas veces no se puede cumplir. O muchas otras sí, pero es ¿a qué costo?
¿Qué es lo que hacemos para pertenecer? ¿Qué hacemos por tener determinado cuerpo? Se trata de entender que efectivamente hay una cultura de la dieta y por qué pensamos así. Por qué todo el tiempo queremos cambiar nuestro cuerpo, sobre todo bajar de peso (pero también pasan un montón de otras cosas) o tener un cuerpo más heteronormativo, porque todo lo que le pasa a un cuerpo delgado es diferente de lo que le pasa en general a una persona que es gorda. Hay muchos derechos vulnerados, mucho maltrato social normalizado. Entonces uno dice, aunque sea inconscientemente, “si yo tengo un cuerpo más gordo no voy a tener este beneficio”.
Obvio que de esto muchas veces uno ni se da cuenta, pero cuando escuchas relatos en primera persona de gente que sabe cómo lo tratan cuando tiene un cuerpo gordo y cuando tiene uno delgado esto aparece. No es solo “querete” y ya. El body positive en ese punto extremo no sirve porque no construís y generas frustración.
Muchas veces es bastante frustrante acompañar esos procesos justamente porque son procesos bastante arduos y además vos salís todo como “bueno sí, ¡yo voy a cambiar esto!” y mucha terapia quizás, pero salís a la calle y te gritan “cruzá bien, gorda de mierda”. Entonces es muy difícil, porque en este espacio te tratamos amorosamente, empáticamente, pero todavía la realidad nos dice otra cosa, o uno mismo se dice las peores cosas.
En relación a la profesión, como no hay un trabajo personal en la relación porque tampoco nadie te orienta, excepto que tengas un espacio terapéutico en el que abordes esto, es muy complejo también cambiar porque no sabes que hay otra forma de ejercer la profesión. No solo en la diversidad corporal, sino también en la actualización y en un montón de otros temas más clínicos, por ejemplo. Entonces termina dependiendo, lamentablemente, de cada persona, de quienes te rodeen, de cuál es tu historia, qué recorrido tenés. Pero bueno, vale la pena.
6- En la mayoría de los casos, son las mujeres las que han atravesado una relación traumática con la comida que ha dejado el goce de lado para tener una mirada restrictiva sobre ellas. En ese sentido, ¿acompañar también se vuelve un enseñar a gozar el buen comer? ¿Cómo se presenta esta situación en los hombres?
Unir la nutrición y la actividad solamente al descenso de peso y a esta cosa de “hay que hacer lo que las mujeres tenemos que hacer”, también pensando en cuánto tiempo gastamos en nuestra cabeza pensando en bajar de peso, es tipo “che, todo ese tiempo que le dedico a pensar “tengo que hacer dieta” y la plata en suplementos y todas estas cosas que creo y me van destruyendo mi salud mental, se lo puedo dedicar a otra cosa”. Me lleva a pensar entonces cuál es el costo que se termina pagando.
Acompañar a volver a disfrutar de la comida depende del caso, porque hay gente que pierde totalmente el disfrute y ya estamos hablando de un trastorno de la conducta alimentaria. A veces la línea -esto es una apreciación personal- es muy fina en relación a este punto. Es muy difícil entender y hacer entender que podes tener un cuerpo diverso, cuidarte y elegir hacerlo pensando en la calidad como una inversión en tu bienestar y además podes disfrutar al mismo tiempo. Por eso es una construcción: porque tenés que romper con todo lo que aprendiste, y volver a construir. Y ese proceso no es lineal.
Entonces muchas veces ese proceso las personas lo hacen por fuera de la consulta, pero yo creo que si tengo la oportunidad de cruzarme con una persona en ese punto del uno a uno, entonces poder hacer que se lleve ese puntapié, aunque no me vea nunca más. Porque también hay gente que no vuelve nunca más porque no le gusta esta mirada porque quieren bajar de peso si o si. Pero a veces es como esa semillita que después empieza a germinar.
Quizás cuando las mujeres tienen hijes se empiezan a replantear esto porque sufrieron tanto en su momento que no quieren que pasen por lo mismo, entonces tratan de hacer las cosas diferentes y eso ya es un montón. Pero a veces uno también le traslada toda esta restricción y esta cultura limitante.
Los varones también tienen trastornos de la conducta alimentaria y mala relación con la comida, también hacen dietas, pero hay una opresión sobre la mujer mucho más grande y constante en la que nos vemos violentadas en relación a nuestro cuerpo, en relación a lo “estético” y también a nuestra alimentación. La típica que pasa en una familia donde hay varones y mujeres, de la misma edad incluso, y el nene tiene que comer más mientras que a la nena se le dice “vos no podes comer más”, y eso está super naturalizado. Muchas mujeres lo traen a la consulta eso porque queda asociado a lo traumático: yo no puedo comer más y él sí.
7- Hace poco surgió el caso de Moria Casán y su foto en bikini, así como el de la beba de Isabel Macedo: el punto era el mismo, en ningún estadio de la vida las mujeres se salvan del peso mortificador de la mirada externa sobre el cuerpo propio. ¿Cómo crees que puede deconstruirse esa historia que no por naturalizada deja de ser violenta? ¿Cómo es el proceso de aprendizaje que conlleva entender que el cuidado del cuerpo debe ser integral y que un cuerpo saludable no tiene que ver con cómo se vea?
En relación a lo que empieza a pasar hoy en redes sociales con este discurso, también asociado a la ESI, sobre “del cuerpo ajeno no se opina”, que cuesta bastante entender eso para algunas personas, quizás estos casos (en algún aspecto u otro, porque a una infancia es absurdo y extremo) pasan mucho incluso dentro de los consultorios. He tenido pacientitos de siete años que vienen llorando a la consulta porque tienen miedo de que yo los violente discursivamente como lo hicieron en otros consultorios. Si con ocho años ya te hicieron sufrir y te dijeron que te vas a morir si no bajas de peso, hay algo que más allá de la salud es ¿qué estás haciendo? Y es algo a lo que estamos acostumbrados, por eso muchas personas gordas no acuden al sistema de salud.
Hay una mirada de privilegio también que pesa en cómo lleves adelante tu proceso. Entiendo que quizás trabajamos de forma particular quienes estamos llevando adelante estos nuevos paradigmas. Obvio que también están presentes en instituciones públicas, de hecho hay muchas iniciativas y proyectos de ley para una capacitación a los profesionales de la salud para atención a personas gordas.
Aclaro que decir “gorda” no está mal, no es despectivo, pero a veces a uno le choca porque así lo aprendió. Eso también se puede trabajar.
Entender que tener un cuerpo delgado no significa salud. Muchas veces no se cuestiona la salud de esas personas pero sí se dice “pobrecito, se va a matar si sigue así” para referirse a una persona gorda. Muchas veces alguien está delgado por estar deprimido y estar pasando el peor momento de su vida, lo que implica no comer saludable, ni una fruta ni verdura, tomar alcohol o fumar, no tomar agua, etc.
Hay que empezar a romper con estos minipensamientos tan arraigados. He hablado mucho con Jésica Labia, otra referente en el tema, de que quizás nuestra generación, de 30 para arriba, no llegue a realmente deconstruirse 100% pero va a depender de nuestra construcción personal a lo largo de los años y de qué y quiénes nos rodeemos.
8- Tu libro se llama “Comida Real para toda la familia” y enfatizas en que puede ser entendido por todos sin importar la edad. ¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Qué es la “comida real” y con cuales otras las diferencias?
Mi libro está pensado para cualquier persona que quiera cambiar su alimentación. Sí es cierto que hace un énfasis y hay partes detalladas en relación lo que sucede en las infancias o lo que pasa con la edad y en otros rangos etarios, pero también habla sobre la mala información que circula y el prejuicio frente a una alimentación saludable.
Comida Real hace referencia a alimentos naturales, alimentos mínimamente procesados que sería como la otra escala dentro de una clasificación de lo que son los alimentos ultraprocesados. Cuando empecé a escribir, estos alimentos creados por la industria que tienen muchos ingredientes y en general tienen varios aditivos, conservantes o nutrientes que quizás son más dañinos para la salud si uno los consume habitualmente de forma constante, la palabra “ultraprocesados” no se usaba en Argentina casi. Me venían a buscar, más o menos, algunos profesionales porque era tipo “qué dice”, y hoy en día tenemos la Ley de Etiquetado Frontal de los alimentos que habla de ellos.
Entonces es también como a lo largo del tiempo cuando se habla de eso y hay una ley de por medio cambian las cosas en relación a la alimentación. Pero bueno, el libro habla de cómo elegir estos alimentos, cómo identificar un producto ultraprocesado por fuera de su etiqueta también, leer estos octógonos y ver qué sí sumar.
Yo creo que el libro tiene una mirada muy positiva, muy empática frente a quién lo lee, de acompañarte a hacer ese proceso para vos o para tu familia. Muchas veces no se piensa a la alimentación como dentro de ese “quiero lo mejor para mis hijes”. Atraviesa temas diversos que nos pueden tocar a todes sin tener hijes también, por ejemplo.
El proceso de escritura fue uno de los hitos en mi vida. Primero, porque escribir un libro de nutrición no es algo muy común dentro de este mundo. La propuesta de Planeta fue una propuesta que vino hacia mí y fue muy hermosa, pero también muy difícil de procesar. Me senté con mucha responsabilidad.
Verse en la librería es un gran mimo.
9- Entiendo que también en el camino hubo un camino de deconstrucción profesional, ¿cuáles son las principales transformaciones que observaste en el ejercicio a lo largo de los años?
Es una profesión que sigue cambiando porque también hay que animarse a cambiar. Creo que se trata de duelar una forma que aprendiste. Un duelo profesional en el sentido de que todo lo que aprendiste en la facultad tenés que ponerlo sobre la mesa y pensar qué sí y qué no.
En lo personal, fueron dos grandes cambios. Creo que el feminismo me abrió otra puertita dentro de la nutrición, al menos ya por el hecho de acercarme desde lo individual y en mis espacios terapéuticos charlar de otros temas de mi vida personal. Y por otro lado entender que había una cultura de la dieta.
Fue pasar de la calidad alimentaria que propone la facultad de la tostada con queso untable y mermelada light, gaseosa light y gelatina, y toda esa nutrición que arrastrábamos de los 90´, a “bueno, che, para: los ultraprocesados son estos que dañan la salud y que hay mil estudios que dicen que esto hace mal” y mostrar cuál es la otra opción que es la de cocinarse. Yo estudié gastronomía desde muy chica, me recibí con 22 años de nutricionista y ya era profesional gastronómica, entonces fue unir esas dos patas y enseñarle a la gente cómo llevar a cabo eso.
Después vino una especie de “bueno, está bien, esto es una nutrición más adecuada”, pero qué pasa con los cuerpos, con que si esto se vuelve una dieta más, qué pasa con la diversidad, cómo nos tratan, el componente social de la conducta alimentaria, y compartir un poco ese mensaje para después volver a unirlo con un mensaje asociado a la nutrición.
Trabajar con otras profesionales me parece una forma muy potente de multiplicar el conocimiento y esta deconstrucción que se va retroalimentando de otras personas que me rodean.
10- Vivimos en un mundo en continua aceleración que tal vez la mayor parte del tiempo nos hace transitar la cotidianeidad con un gran nivel de estrés que imposibilita muchas veces tener el tiempo para preparar la comida adecuada y/o parar un poco para tener el espacio en donde comer tranquilxs. ¿Cuáles son tus recomendaciones en este sentido?
Para mí se trata de revisar cuánto tiempo le dedicas a tu cocina, o quizás gente que nunca prendió la cocina, más allá del tipo de trabajo o estilo de vida que lleve, ver qué otras opciones tiene, si alguna vez revisó su alimentación, cómo se siente. Y desde ahí poner prioridades. Repito, hay una mirada de privilegio en esto: poder hacer actividad física, poder hacer una consulta nutricional, poder buscar información en internet y aunque sea dedicarle tu tiempo a primero procesar esa información, y después más allá de que vayas o no a una nutricionista, poder autogestionar tu hambre, tu saciedad, tus ganas de comer otra cosa, las épocas, cosas que te pasan. Vos aprendes cosas mientras te pasan cosas, es la vida, entonces hay momento para todo. Es pensar qué lugar le puedo dar y qué puedo empezar a sumar, en vez de pensar en toda esta clave de la restricción y de sacar, sacar, sacar.
Si bien en algunas patologías o sintomatologías es necesario sacar cosas para empezar a ver una mejoría, es productivo pensar qué alimento nuevo puedo sumar, por ejemplo. ¿Realmente puedo comer una fruta todos los días? ¿Lo hago? ¿Me lo propongo? ¿Puedo pagarlo? Y así ir sumando hábitos que se complementen.
Tenemos que pensar por dónde podemos empezar y qué podemos ir haciendo. Este proceso de años, acompañado o no de un profesional, es bajarle la expectativa a la perspectiva de la inmediatez. Asociar la nutrición a una dieta que empieza y termina, y dura x tiempo, no va más. Necesitamos comer toda la vida de forma nutritiva y rica.
Si comemos sano pero tenemos una mala relación con nuestra comida, eso también nos va a llevar a la enfermedad, no importa cuán sano coma. Son muchas aristas que hay que poner en la balanza de cada uno y ver qué lugar le voy a dar o qué estoy dispuesto a hacer. Hay que fijarse si uno está dispuesto a dedicarle tiempo al objetivo que se puso, fijarse ir de compras, probar una receta, etc.
Es un camino que después uno va repitiendo según le haya funcionado o sido práctico. Por ejemplo, compro verdura una vez por semana y ya la lavo, hago ese esfuerzo que me da fiaca y después lo sostengo. Porque los hábitos son un tema de constancia también, de intentarlo y volver a hacerlo que exceden a los 21 días que conocemos.
11- ¿Qué esperas que la gente vea y obtenga de conocer el mundo de Nutriciosa?
La idea que yo planteo desde Nutriciosa es, si alguien viene al consultorio, poder acompañar su proceso. No estamos para decirte “sí, hacelo” o “estás haciendo todo mal”, o “tenés que hacer todo esto que te digo porque yo soy la que sé”.
La misión es que la persona mejore realmente su calidad de vida y entender que en ese bienestar no entra solo lo alimentario, sino también el estilo de vida, lo que es importante para uno, hacer cosas que te hagan bien, si te autoobservas, cómo estás durmiendo, si necesitas algún suplemento, si haces actividad física, cómo comes en cada momento de tu vida según la propia ciclicidad entendiendo que no siempre necesitamos lo mismo.
Mi intención es llevar todo este mensaje de deconstrucción y animar a la gente a poder hacerlo. Teniendo en cuenta que es una profesión que estudiamos muchas mujeres, incentivar a que se puede hacer una nutrición diferente, que se puede vivir de la nutrición siendo mujer y emprendiendo, rompiendo así con la mirada de género que pesa sobre el ejercicio profesional.
El objetivo es llevar adelante una mirada de deconstrucción y construcción constante que implica pensar qué comemos, por qué lo comemos y cuánto disfrutamos de eso que comemos.