La moda es una de las herramientas de expresión más importantes para comunicar nuestra subjetividad. A través de la ropa que nos ponemos decimos muchas cosas sobre nosotras mismas: si somos formales, más clásicas, coloridas y alegres o más neutras. Todo, desde el estilo, las texturas y los colores de lo que nos ponemos, dice algo sobre nosotras.
Como es un tema que nos interesa mucho, charlamos con Lessie (@intravenous_sugar en IG), una de las influencers y comunicadoras sobre la industria de la moda que más nos inspira, no solo por sus looks originales sino también por sus conocimientos sobre la historia de la moda.
P: ¿Cuál es el poder de la moda? ¿De qué modo la entendés vos?
L: La moda tiene un poder enorme en miles de sentidos. Tiene la dualidad de que sirva tanto para igualarnos como para diferenciarnos con todo lo que eso implica. Del lado negativo, obviamente es algo que sirve como diferenciador de clases, que está creada como soldada del capitalismo para perpetuar ideales de belleza y vendernos cosas todo el tiempo pero también es una herramienta muy fuerte de identidad, rebeldía y expresión. Sirve para comunicar quienes somos sin tener que decir mucho, para levantarnos el humor y darnos una ayuda cuando queremos demostrar algo en particular.
Al usar un blazer, por ejemplo, instantáneamente te sentís poderosa, o al menos a mi me sucede eso. Es una vía de creatividad increíble, una ventana a la historia de la humanidad y, en su manifestación más alta para mi, una forma de arte y una muestra de la enorme capacidad de creación artesanal de las personas y sus tradiciones. Pero lo positivo no existe sin lo negativo, entonces es importante saberlo para no perder el foco.
P: ¿Cómo reflejamos nuestra identidad en las prendas? ¿Cómo es la búsqueda del estilo propio, por dónde se empieza?
L: La búsqueda del estilo propio tiene que ver con saber quienes somos y eso no es algo que ocurre de la noche a la mañana. Hay que tener paciencia. Tenemos que permitirnos probar cosas, jugar con la ropa y los estilos, darnos un tiempo para probar combinaciones frente al espejo y ver cómo nos sentimos. Sirve mucho tener en redes personas con las que nos identifiquemos, que tengan nuestro tipo de cuerpo o algo parecido a lo que queremos transmitir. Imitar es la forma de aprender más primaria que tenemos, así que encontrar fórmulas que nos gusten y copiarlas está bueno para arrancar. Es medio como una receta, luego la vamos modificando hasta que se ajuste a nuestro paladar o con lo que tenemos en la heladera (o el armario en todo caso).
Por ejemplo, vemos a alguien usar un pantalón con una camisa y nos gusta la combinación de colores, pero en lugar de pantalón preferimos falda y los colores en los accesorios, hacemos nuestra propia versión. Hay que tratar de diseccionar esos ingredientes y ver cómo los podemos ordenar nosotras.
P: ¿Cuáles son las cinco prendas/accesorios que crees que no pueden faltar en cada armario?
L: Esto varía mucho dependiendo del estilo de vida de cada persona. Antes que nada, lo primordial es que lo que usamos nos haga sentir bien y nos de ganas de vestirnos todos los días. Como es algo que tenemos que hacer de todas formas, es mejor si lo pasamos bien haciéndolo.
Un jean y un pantalón de vestir neutro con el calce correcto son comodines para mil situaciones distintas. Está bueno tener un par de zapatillas, un zapato bajo cerrado como mocasines o algo acordonado que da un poco de formalidad a alguna prenda que de otra forma puede ser casual, como los jeans. Las camisas también son muy versátiles porque se pueden usar de varias maneras y funcionan todo el año.
P: En tus redes, ¿qué es lo que buscás transmitir?
L: Mi objetivo principal es democratizar el conocimiento. Soy una nerd de corazón, me encanta aprender, me encanta estudiar y también enseñar. Hay veces que en algunos temas académicos pasa que no están al alcance de todo el mundo, porque están en otro idioma o escritos de manera “complicada” o hay que tener otros conocimientos para entender de qué se está hablando, y esos temas son importantes porque nos ayudan: primero, a quitarle el lado frívolo o banal que puede tener la moda, y segundo, porque los necesitamos para entender por qué hacemos lo que hacemos. Así que bajar eso para que lo puedan consumir más personas es fundamental para mí.
Que lleguen a mi cuenta y se vayan con algo que no sabían antes, con un nuevo interés o con las ganas de jugar con su ropa.
Lo mismo busco de los lugares que transito digitalmente, que me inspiren o enseñen de alguna manera. Contenido que tenga valor, sea interesante y me dejen algo cuando dejo la pantalla.
P: ¿Cuáles son tus recomendaciones para comprar indumentaria?
L: Mi regla número 1 es que cuando vamos a comprar algo, tenemos que pensar tres ocasiones distintas y reales en donde podemos usar eso con cosas que ya tengamos en el armario. La ropa que es para un solo uso no sirve, es tirar la plata, ocupa espacio y con eso no estamos maximizando las posibilidades. La ropa tiene que ser versátil y no descartable.
Por otro lado, tiene que estar acomodada a nuestro cuerpo y no al revés. Comprar ropa que nos va chica o nos molesta de alguna forma solo porque está rebajada o porque la guardamos “para cuando tenga x cuerpo” tampoco sirve. Nuevamente es tirar la plata, pero además es crearte un problema.
Hay que vestir al cuerpo que tenemos hoy y no al que tuvimos o pensamos que vamos a tener en el futuro.
Y, por último, en muchos casos comprar algo usado o vintage si tenemos la posibilidad es lo mejor que podemos hacer porque seguramente la construcción sea mejor a algo nuevo. Generalmente también suele ser más económico, es único, tiene historia, lo que lo hace más interesante, y no estamos aportando a la sobreproducción que es uno de los problemas más grandes de la industria.
L: Mis planes originales eran otros. Yo quería hacer relaciones exteriores, por lo que estaba estudiando Ciencias Políticas, mientras en paralelo escribía mi blog de moda sin un fin en particular más que compartir lo que hacía con mis amigas de otros países. Un día me llegó un mail de Nylon, una revista que me gustaba mucho, diciendo que quería que escribiera para ellos y ese fue el momento de quiebre. Me acuerdo bajar corriendo por las escaleras de mi casa para contarles a mis padres porque no lo podía creer. Gracias a eso me cambié de carrera y decidí seguir por el camino de la comunicación para tener mejores herramientas que me ayuden con lo que ya estaba haciendo.
Fue todo un tema porque, mal que mal, mi plan original lo venía manteniendo desde los cinco años así que hacer el cambio fue duro, a pesar de que todo el mundo estaba esperando que lo hiciera y nada más faltaba que yo me diera cuenta que era por ahí.
Eventualmente, más revistas y medios quisieron escuchar lo que tenía para decir, seguí haciendo contenido por mi cuenta, empecé a ir a Fashion Week en Nueva York y acá estamos.