Había una vez una periodista cansada de tener que comunicar cada día como una mujer era asesinada por su condición de género. Un día esta mujer gritó. Resulta que ese grito hizo eco y se transformó en una interpelación profunda: ¿No vamos a hacer algo?
Esa interpelación, ese llamado a la acción, fue la pólvora necesaria para encender la mecha de un movimiento del que ocho años después aún hablamos y participamos. Gracias a la convocatoria que realizó Marcela Ojeda en 2015 a través de un tuit que resonó en la cabeza de tantas, quedó instituido el 3J como el día en el que todas colectivamente gritamos “Ni Una Menos”.
Y lo decimos en serio. Militamos y movilizamos para que nunca jamás vuelva a haber una menos ejecutada por la violencia machista. Pero a cada tres de junio se llega de una manera bien distinta y particular, solo teniendo la certeza común de que estamos ahí porque hay algo que nos atraviesa a todas: la convicción de que esta situación debe parar, de que le podemos poner fin porque no nos callamos más.
No es un dato menor este año. Junio representa la fecha límite de cierre de listas, y con él, comienza la época de campaña. Es inevitable no trazar un paralelismo con el 2015, también año electoral, pero de diferente manera. Es que recién en 2015, luego de décadas de construcción colectiva del movimiento, el feminismo se hizo verdaderamente masivo y nos mostró cómo todos esos años de lucha ahora tenían una red de cuerpos que sostenían las demandas en las calles. Juntas podíamos (y podemos) más. Toda una generación de jóvenes se movilizó para decir basta a la violencia machista y muchas generaciones de mujeres se dieron cuenta de que quizás aquello por lo que atravesaban era una situación violenta, y no algo típico de una pareja que había que dejar pasar.
En ese sentido, es inevitable que surja la pregunta en torno a cómo aparecerá la agenda de los feminismos en las campañas políticas. ¿Será tenida en cuenta con propuestas concretas direccionadas a dar una respuesta a las demandas? ¿Será solo tenida en cuenta al momento de buscar un enemigo a quién pegarle y culpabilizar cuando se pregunten en ocasiones injustificadas “y las feministas donde están”?
De todo esto y más charlamos con Marce Ojeda.
Periodista: ¿Cómo llegamos a este 3 de junio?
Marcela Ojeda: A este 3 de junio llegamos, más allá de la efeméride o de la agenda mediática/periodística, con los movimientos de las mujeres y los feminismos. Con la interpelación, con los reclamos y las exigencias al poder político que, si bien se hicieron masivas y tan contundentes aquella tarde del 3 de junio del 2015, por supuesto que se siguen reclamando, que seguimos teniendo nuestros espacios de militancia y de activismo.
Las calles nos siguen perteneciendo. Son nuestros espacios de lucha, de militancia, de conquista de derechos. Son los lugares también donde nos reencontramos para defender aquellos que nosotras hemos ganado. Por supuesto que con el acompañamiento de distintos actores del poder y los espacios políticos-partidarios, de las diputadas y diputados, senadoras y senadores del Congreso que han sabido entender y comprender el momento histórico que se vivió, por ejemplo, en el 2020 cuando se sancionó por fin la interrupción voluntaria y legal del embarazo.
Este 3 de junio tiene muchas particularidades. Como en el 2015, estamos otra vez en un año electoral, pero estamos atravesados por una campaña electoral bien distinta, bien diferente y distante a la que fue en aquel año. Algunos de los candidatos que representan a la derecha tienen el feminismo en su agenda, pero para doblegarlo, para intentar sacarlo de toda discusión política.
Por eso, me parece importante mostrarnos y que se den cuenta de que estamos, de que estos reclamos son contundentes y nos pertenecen, que los vamos a militar y a defender por sobre todas las cosas. Por supuesto también que esos discursos antiderechos, antifeminismo, antiequidad ganan espacio en alguna agenda mediática y periodística. Pero también hay resistencia, paciencia y pedagogía del amor. Estamos en ese momento, me parece.
Lo que hemos logrado con el “Ni Una Menos, Basta de Femicidios” en el 2015 es una bandera que ha sido vista por todo el mundo. No es exageración. La Argentina esa tarde del 2015 fue una foto que recorrió todo el mundo. Pero nosotros no solo pensamos en esa postal de la película, pensamos en toda la imagen.
Me parece que es fundamental pensar eso: es una efeméride, es un momento para reflexionar pero también es un momento para reclamar y hacer las preguntas a quienes tienen poderes de decisión para llevar adelante esta agenda feminista que nosotras militamos desde el activismo.
P: ¿Cómo definirías el momento actual del feminismo? ¿Coincidís con quienes sostienen que la ola parece haber entrado más bien en una plancha?
MO: Los feminismos son movimientos dinámicos, heterogéneos y diversos que por supuesto también tienen momentos de mayor explosión mediática y periodística. Eso no significa que por detrás o por debajo no continúe fervientemente la militancia o el activismo territorial en los barrios, en las ciudades, en las universidades, en los sindicatos, en las facultades, en los centros de estudiantes. En las organizaciones sociales que en estos últimos tres años, incluidos los años atravesados por la pandemia, también han tenido una relevancia como nunca antes, teniendo en cuenta que han sido los primeros espacios donde las familias se han acercado y donde las mujeres han tenido un rol sumamente protagónico en lo que nosotras llamamos “parar la olla”.
Por supuesto que están estas miradas críticas (que siempre las ha habido). El problema está cuando se convierten en violentas, o en una avanzada que encuentra representación en la violencia en redes sociales atacando a colegas periodistas o a feministas con cierta relevancia pública o mediática y pasa al día a día. Entonces ahí estamos alertas, ocupadas y preocupadas. Pero eso no quiere decir que mudas ni tampoco quietas. Me parece que eso es fundamental entenderlo. No hay forma hoy en la Argentina de que avancen contra nuestros derechos mientras nosotras estemos en las calles defendiendo todo lo que conseguimos.
P: ¿Qué es necesario reformular para lograr conseguir nuevamente cohesión en los reclamos y una agenda en común?
MO: El movimiento de mujeres no nació el 3 de junio de 2015. El feminismo no nació de Twitter, no nació de Facebook ni mucho menos de Instagram o TikTok. En el 2015 lo que hicimos de alguna manera fue tomar el guante o empezar a transitar el camino que ya habían marcado muchísimas mujeres durante décadas anteriores aquí en la Argentina.
Nosotras, como comunicadoras, también tenemos todos los días una enorme responsabilidad, como la hemos tenido siempre, de continuar alertas y mirando con lupa esta avanzada de lo que llamamos discursos de odio. Me parece que estamos todas atentas y abroqueladas trabajando y militando, no corriéndonos un solo centímetro de nuestra agenda bajo ningún punto de vista.
P: Fue un quiebre enorme la interpelación a levantar la voz para denunciar que nos estaban matando, tal y como lo siguen haciendo ahora. Con toda la visibilidad que ganaron los femicidios y la centralidad del reclamo, uno tendería a pensar que cuando ya no existe la garantía del silencio y la impunidad absoluta los casos tenderían a descender. Pero no pasó así. Desde tu punto de vista, ¿por qué los casos continúan aumentando año a año?
Cuando desde la buena fe se pregunta “¿De qué sirvió el Ni Una Menos de 2015 si diariamente siguen asesinando a una mujer en nuestro país por razones de género?”, la pregunta tiene que ver con eso, precisamente: con que esa postal y esa foto de casi medio millón de personas en la calle esa tarde del 3 de junio sirvió muchísimo. En principio, para instalar las violencias hacia las mujeres como nunca antes había ocurrido en la Argentina. Como nunca antes se abrieron puertas y se comenzaron a contar historias y se escucharon los reclamos de los movimientos de mujeres. Ese Ni Una Menos de 2015 llevó adelante cinco reclamos contundentes y puntuales, muchos de los cuales hoy continúan vigentes.
No teníamos hasta ese momento, por ejemplo, estadísticas oficiales. La Corte Suprema de Justicia respondió al siguiente año generando su propia información estadística del sistema judicial. Todavía seguimos reclamando, por ejemplo, el cuerpo de abogados que brinden asistencia legal y gratuita para mujeres que atraviesen violencias por razones de género. Seguimos reclamando, por supuesto, la sensibilización y capacitación para las fuerzas de seguridad. En ese sentido, la Ley Micaela de alguna manera también vino a dar respuesta a ese reclamo.
La implementación absoluta de la ESI: hoy, y desde hace tiempo porque tiene más de diez años la ley, el frente en defensa de la ESI está en cada una de las provincias, en cada una de las escuelas en donde militantes y activistas defienden el derecho de las pibas y pibes a educarse y transitar su formación académica de manera equitativa e igualitaria.
Hay un montón de cambios sociales que se han dado. Tenemos un Ministerio, hay recursos, hay herramientas. Ya no da lo mismo hablar de las violencias contra las mujeres como ocurría hace nueve o diez años. Y en eso mucho han tenido que ver las periodistas feministas con mirada y perspectiva de derechos humanos, de niñez y de género, sin lugar a dudas.
También nosotras como periodistas, como comunicadoras, como parte del colectivo de periodistas feministas entendemos que contar historias no se reduce jamás a mencionar un caso. Ese nombre y ese apellido tiene una historia por detrás. Esa mujer que fue asesinada hizo un recorrido: habrá tocado puertas, le habrán abierto algunas y cerrado otras. Cuando nosotras contamos una historia tristísima y fatal como lo es una mujer que muere por razones de violencia extrema, también tenemos que hacer el trabajo inverso de ir para atrás y reconstruir esa historia.
Qué pasó, qué falló, qué resortes o qué dispositivos del Estado allí no estuvieron a la altura de las circunstancias. A dónde llamó, a quién pidió ayuda, quién no respondió, quién no estuvo a la altura en el momento en que esa mujer tal vez flaqueó, retiró la denuncia y después volvió a hacerla.
El fenómeno de las violencias contra las mujeres no se cambia, modifica ni erradica solo con mayor presencia policial y abriendo más comisarías. Eso es una pata, pero también tenemos que entender que aquí el cambio es rotundo y contundente, y que tiene que ver principalmente con la educación, sin duda alguna. Por eso yo creo que las generaciones que a nosotros nos van a suceder van a ser las encargadas de recoger los frutos de, en principio, una sociedad más equitativa que es ni más ni menos por lo que militamos y luchamos todos los días.
Hay que entender que este fenómeno es sumamente complejo. Por eso la interpelación es a todos los poderes del Estado desde la sociedad civil, desde las militancias y desde los activismos. La educación como pilar fundamental y por supuesto también un sistema judicial que tiene que estar robustecido, que tiene que tener esta perspectiva y esta mirada de género y, por supuesto, también recursos.
El reclamo sigue vigente y más fuerte que nunca. Sí, claro que ha servido de algo, por eso seguimos hablando de eso ocho años después.