En tiempos convulsionados y acelerados, encontrar un espacio para relajarse y frenar un ratito es fundamental. Hay muchas cosas que podés realizar para hacerte este tipo de pausas, pero en esta oportunidad nos interesó indagar en el mundo del yoga, un camino de autoconocimiento que nos permite aflojar con las tensiones que nos impone la rutina y detenernos un momento a observar(nos) para poder seguir.
De la mano de Agus Gielis, creadora de La Nave Yoga, un estudio ubicado en la zona de Colegiales que, como ella define, es “un refugio de naturaleza en medio de la ciudad”, nos vamos a adentrar en este extenso universo para poder conocer de qué trata, cuáles son las herramientas que ofrece, por qué es beneficioso practicarlo y de qué modo puede ayudarnos en el día a día.
Periodista: ¿Por qué te interesaste por el yoga? ¿Qué encontraste en ese mundo que hizo que lo adoptaras como estilo de vida?
AG: Mi interés en principio fue una necesidad. A lo largo de mi vida me encontré muchas veces lidiando con incomodidades del cuerpo, falta de fuerza para sostener una postura erguida, dolores y malestares. Al ser actriz, me fui conectando con mi cuerpo en profundidad. Y sucedió que en los entrenamientos que hacíamos para el proyecto de graduación de la UNA -Universidad de Artes Dramáticas- en donde me formé como Licenciada en Actuación, practicamos yoga. De todas las disciplinas que fui conociendo para acercarme al movimiento a lo largo de mi formación, me di cuenta que el yoga era la que más necesitaba en ese momento, porque me ofrecía un espacio de conexión con mi cuerpo y con mi mente, desde una actitud de aceptación y amorosidad.
P: ¿Por qué recomendarías arrancar? ¿Qué herramientas y espacios ofrece la práctica?
AG: Recomendaría practicar si tenés la necesidad de que tu cuerpo te acompañe más, si querés entrar en contacto con él, darle lugar, moverlo, sentirlo. Muchas veces nos sentimos incómodxs dentro de este cuerpo, o sucede que pasamos horas en la misma posición articular y eso trae sus consecuencias. También es recomendable si estás pasando por situaciones de estrés y ansiedad, si necesitas un cable a tierra, un espacio para dedicarle tiempo, fortaleza, foco, paciencia y relajación a tu cuerpo y mente.
Desafiar con cuidado y respeto al cuerpo en distintas posturas (asanas) y sacarlo de sus lugares conocidos es un ejercicio que abre posibilidades, que expande. Posibilidades no sólo del cuerpo, sino que muchas veces lo que hacemos con el cuerpo tiene impacto en nuestra mente. Para mi no están disociados, en la práctica es muy claro cuando se integran, cuando el cuerpo y la atención están en el mismo lugar, al menos por instantes. Eso es muy valioso en un contexto lleno de estímulos e información, que a veces nos lleva a estar en automático y accionar desde ese “chip”.
P: ¿Cómo sé cuál es el tipo de práctica correcta para mí? ¿Qué consideras que es fundamental para empezar?
AG: No se si hay una práctica correcta para cada unx, quizás hay etapas y es muy válido ir modificando la práctica y cambiando de estilo a lo largo del tiempo. Además de existir muchísimos estilos de yoga, hay muchísimxs maestrxs que imprimen su sello dentro de ese estilo.
Lo mejor es experimentar en distintos espacios y profes. Quedarte un tiempo en donde te sientas más cómodx, cuidado y contenidx. Donde entiendas con claridad qué estás haciendo y por qué, que algo de eso para vos tenga sentido. Cada unx valora cosas distintas, puede ser el espacio, la calidez, la guía, el estilo.
Para comenzar, considero que lo fundamental es la paciencia. Hacia vos, hacia tu cuerpo y hacia la práctica. El primer día puede ser muy extraño, ya qué es mucha información para abarcar, por eso es importante la paciencia, el tiempo y entender que se puede ir adquiriendo esa información en capas, en etapas, y así profundizar en la práctica y aprender a disfrutarla. Si bien muchas veces es difícil detenernos y observarnos porque podemos encontrarnos con muchas sensaciones incómodas, esta acción al repetirla se vuelve práctica y se disfruta el hecho de volver cada vez. Es muy común que me digan “cuánto necesitaba venir” “no veía la hora de que llegue el momento”.
P: ¿Te modificó la perspectiva o la actitud ante ciertas situaciones el hecho de comenzar a conectar con el cuerpo de otra manera y tener otro registro del día a día?
AG: Si. Aunque la experiencia con la práctica es muy única de cada unx. Siempre pienso que la práctica “me salva” y es una forma de reconciliarme con mi cuerpo. Es una herramienta que va mutando, es una gran compañera para lo que va aconteciendo en las distintas etapas de mi vida.
La práctica de relajación puede compensar el estrés que a veces nos toca atravesar. El hecho de pausar y respirar, entrar en contacto con el cuerpo, muchas veces nos pone en otra perspectiva y amplía nuestra conciencia en el registro, nos da información del lugar donde está la tensión, hacia donde se nos va la mente, qué pensamientos irrumpen. La práctica de yoga desde un lugar de registro, respeto y amorosidad puede empezar a trasladarse también a otros aspectos de nuestra vida. Creo que si estamos más en paz con nosotrxs mismos, lo estaremos también con el entorno (o al menos en algún aspecto). Con esto no quiero decir que los vínculos serán fáciles, pero quizás un poco más honestos y con más paciencia.
Hace unos meses me tuvieron que sedar para un estudio médico, en los minutos previos, el contexto y la postura no eran de lo más relajantes, todo era bastante incómodo y aterrador, no quedaba otra opción que entregarse a la situación, soltarse. Mi decisión fue dejar de hablar con los médicos que intentaban distraerme con buena predisposición, quedarme en silencio y empezar a escuchar mi propia respiración, sólo poniendo el foco ahí. De a poco pude relajarme más en la postura extraña, en el contexto incómodo, pude conectarme con el aire entrando y saliendo de mi cuerpo, con los propósitos de mi vida y visualizar lo más lindo e importante para mí mientras me quedaba dormida. Pude elegir hacer eso en lugar de darle prioridad a los miedos y los riesgos, gracias a las herramientas que ofrece la práctica.
Algunas situaciones de la vida son muy difíciles de transitar, creo que la práctica me hizo tomar consciencia que depende sólo de mí el cómo, con qué actitud, con qué conciencia elijo atravesarlas. No quiere decir que “la tenga clara”, para nada, hay momentos en que me desbordo, y hay situaciones inesperadas y difíciles donde es realmente desafiante hacer consciente esto. Pero el registro luego aparece aunque cueste en el momento.
P: ¿Qué te gustaría que encuentren en “La Nave” o qué deseas que se lleven?
AG: Siento que es la pregunta más difícil, la que más abarca, la más metafórica. Y, a la vez, es donde pongo el foco antes y durante cada práctica de forma concreta todos los días.
La Nave es un espacio único que ofrece experiencias, viajes sensoriales hacia el cuerpo (donde cada detalle está pensado y es parte). Un espacio y tiempo de consciencia. Un refugio del caos. Un lugar cálido de conexión y de relajación. Una práctica que tiene sentido y es personalizada, para máximo 4 personas. Deseo que se lleven herramientas útiles. Que se vean transformadxs al menos un poco, cada vez. Y que puedan apropiarse y acudir a dichas herramientas cuando las necesiten.
Deseo que la práctica trascienda el espacio.