Las mujeres en la ciencia, una realidad dispar y una brecha de reconocimiento pendiente

Edición 2023 de la premiación Por las Mujeres en la Ciencia.

Solo el 33% de lxs investigadores en investigación y desarrollo (I+D) a nivel mundial son mujeres. Ese es el dato que da el Instituto de Estadística de la UNESCO que desde hace años sigue de cerca la problemática. Para intentar saldar la brecha que se arrastra desde hace décadas, que además de ser esencialmente económica y de falta de acceso a los recursos para llevar adelante una carrera de investigación, es también simbólica sostenida en la falta de reconocimiento, desde 1998 L’Oréal y UNESCO llevan adelante el programa “Por las Mujeres en la Ciencia” que ha reconocido y celebrado a eminentes mujeres de la ciencia en todo el mundo. 

¿Cuáles son los datos que sobresalen en estos 26 años de recorrido? Fueron distinguidas más de 4.100 mujeres científicas, incluidas 127 galardonadas internacionales y más de 4.000 jóvenes investigadoras. En la situación local, el premio es organizado junto al Conicet, la institución gubernamental argentina de ciencia más importante de Latinoamérica según el ranking Scimago. Se ha reconocido hasta el momento a 66 científicas argentinas de distintas provincias y ciudades. En noviembre pasado se celebró la decimoséptima edición del premio que fue promovido bajo el lema “La ciencia cambia el mundo, ellas las reglas”. 

Argentina cuenta con 10 científicas reconocidas con el Premio Internacional, siendo el país de Latinoamérica con mayor cantidad de premiadas de la región. Pero lo cierto es que la realidad lejos está de ser equilibrada. Hasta el cambio de mando presidencial, en 2023 la cartera nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación se encontraba a cargo de un ministro varón (Daniel Filmus), al igual que las dos Secretarías que la conformaban. Con la entrada del nuevo gobierno la situación no ha cambiado. La cartera pasó a ser una secretaría bajo la directiva de Alejandro Cosentino —secretaría que, a su vez, se encuentra bajo la órbita del jefe de Gabinete, Nicolás Posse— y el Conicet quedó a cargo de Daniel Salamone, quien reemplazó a la investigadora Ana Franchi. 

La paridad de género recién emerge en el tercer nivel de autoridades superiores. Los números también mejoran dentro de las instituciones del sistema universitario argentino donde se despliegan buena parte de las actividades científicas y tecnológicas. Según los últimos datos de 2021, en promedio el 43% de los cargos de autoridades superiores universitarias están ocupados por mujeres. Sin embargo, la distribución es muy heterogénea entre las distintas jerarquías: hasta ese año, solo el 12% de los Rectorados y el 35% de los Decanatos estaban bajo la responsabilidad de mujeres, mientras que en los Vicedecanatos y las Secretarías de las unidades académicas de las universidades se observa una distribución general paritaria en términos de género, con 45% y 46% de cargos ocupados por mujeres respectivamente.

Ahora bien, en cuanto al acceso a las principales posiciones de toma de liderazgo y toma de decisiones en los organismos gubernamentales de ciencia y tecnología, las mujeres siguen enfrentándose a barreras y techos de cristal que les impiden acceder en condiciones de igualdad a esos puestos. Hacia fines del 2022, apenas tres de cada diez puestos directivos eran ocupados por ellas.

Entre 2019 y 2022 hubo una evolución creciente de la participación femenina. Desde 2018, seis de cada diez personas que investigan son mujeres y existe una mayor proporción de investigadoras dirigiendo proyectos. ¿Cómo se explica entonces que seamos quienes más investigan pero quienes menos poder de decisión y menos reconocimiento material y simbólico tenemos? Se explica por el “efecto tijera”: es decir que, aunque en nuestro país son mayoría las mujeres que trabajan en ciencia, al mismo tiempo existen brechas de género que se manifiestan en el acceso diferencial a las categorías más altas de la carrera de investigación. 

También se observa cierta segregación horizontal entre quienes investigan dado que hay mayor presencia femenina en algunas grandes áreas del conocimiento como las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias médicas y de la salud, y menor presencia en las ingenierías y tecnologías. La producción científica es liderada por investigadores varones al igual que la participación en actividades de evaluación de recursos humanos y de proyectos. 

Por último, para analizar la situación nos falta un dato importante que, aunque evidente, no deja ser clave. En los primeros meses del 2020 —comienzo de la pandemia del Covid-19 y consecuente cuarentena—, el impacto de la maternidad y las tareas de cuidado en la productividad de las investigadoras fue enorme. Un gran número de investigaciones muestran un descenso generalizado en la cantidad de publicaciones que ellas hicieron durante ese período, hecho que sigue teniendo su impacto hasta el día de hoy. Razón por la que a las ya existentes barreras específicas del área, se le suman también las transversales a todos los ámbitos que se relacionan con la distribución sexual del trabajo.

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