Las redes sociales, el escenario ampliado para la ESI  

Las profesionales devenidas en influencers más conocidas que hablan sobre sexo y ESI: Melisa Pereyra (@gineconline), Cecilia Cé (@lic.ceciliace), Flor Salort (@flordegineco), Sol Despeinada (@sol_despeinada) y Francesca Gnecchi (@alasparatusexualidad). Foto: William Kano

Dos mujeres de entre 45 y 50 años lamentan no haber contado con toda la información sobre métodos anticonceptivos antes. Se alegran cuando su sobrina e hija, respectivamente, las pone al tanto sobre algo nuevo que aprendió gracias a las cuentas de profesionales en internet. Se predisponen a escuchar con atención cuando les habla del goce, de los cuidados y de los objetos de gestión menstrual que van apareciendo.

“Ojalá hubiese sabido todo esto cuando tenía tu edad”, lanza una. 

Las redes sociales suelen ser el blanco de críticas varias sobre las facilidades que prestan para servir como instrumento de desinformación y difusión de fake news. Pero, bien utilizadas, pueden cambiar vidas en el extremo de los casos, o mejorar la calidad de las mismas en otros.

Cuando en el 2006 la Educación Sexual Integral fue establecida como un derecho y pasó a formar parte del marco normativo, su aplicación comenzó siendo circunscripta a cuestiones biológicas. Con el paso de los años, el objetivo de la integralidad fue cada vez más logrado, incluyendo aspectos afectivos, sociales y de deseo.

Ocurre que la ESI en todos sus aspectos muchas veces no llega a todos los espacios y recovecos. Ocurre, también, que es cierto que quien tiene más posibilidades es aquella persona que pudo llegar al hospital, conseguir turno cuando lo necesitaba y obtener la atención que la contuviera.

Si bien no pueden suplir faltas estructurales, cuentas como las de @ginecoonline o @lic.ceciliace, fueron cada vez más fundamentales para las jóvenes que comenzaban a usar Instagram y encontraban allí todo un reservorio de información confiable que les hizo vivir su cuerpo y sexualidad de otra manera. La bola corrió y de pronto mujeres de todas las edades se transformaron en sus seguidoras.

Aún más, durante la cuarentena se dio un boom de seguidores y de surgimiento de las cuentas relacionadas con ginecología y sexología. El tiempo libre y la imposibilidad de salir de las cuatro paredes de nuestras casas dio paso a la exploración del propio cuerpo en grandes y chicas que, tal vez, tenían visiones mediadas por lo que se dice en el boca en boca o únicamente por algún retazo del libro de biología del colegio que quedó dando vueltas en la mente.

Este tipo de experiencias provoca inquietudes automáticas respecto a la amalgama de relaciones que producen las redes sociales y la ESI, en la que quizás sea la dimensión más interesante que potenció internet: su carácter pedagógico y su condición de herramienta necesaria para mejorar el acceso a la educación. 

¿Qué lazos y aspectos de la vida se juegan entre el ciberespacio y la realidad cuando se literaliza la nomenclatura “redes sociales”? ¿Cuál es el rol que tiene la voz de las profesionales devenidas en influencers? ¿Cómo es la necesaria adaptación de la voz técnica profesional a un mensaje en redes ajustado a sus propias lógicas?

Ese es el trabajo que llevan adelante las dos cuentas mencionadas anteriormente, entre muchas otras, y eso es lo que logran con sus distintas estrategias comunicacionales. 

Detrás de @ginecoonline se encuentra la doctora ginecóloga Melisa Pereyra, directora de Espacio You, autora del libro V.Ciencia para una geografía íntima sin mitos y creadora de Vymel, una marca de productos de gestión menstrual. ¿Cómo establece un vínculo con sus seguidoras? Con vídeos de un minuto en los que aprovecha los trends virales para explicar cuestiones de salud ginecológica, imágenes reales de afecciones y consultorios virtuales en los que responde algunas de las inquietudes que llegan de sus miles de seguidoras.

Mientras que detrás de la cuenta de “la licenciada”, como es conocida en el mundo virtual, se encuentra Cecilia Ce. Ella es psicóloga, sexóloga, escritora, columnista y comunicadora. Tiene tres libros bajo su autoría: Sexo ATR, Carnaval toda la vida y Vinculear: prácticas para el buen sexo. Su principal trabajo lo motoriza a través de su cuenta de Instagram donde comparte información con un lenguaje directo, sin prejuicios y con humor, siempre con amparo científico, para poder hacer de su lema “más disfrute, menos drama” una realidad concreta. Su sección más famosa allí es la de “Vinculeable”, donde a través de comentarios en sus posteos se genera un espacio para poder interactuar y conocerse con otrxs. También utiliza la “caja” de preguntas y respuestas de Instagram para responder inquietudes, pero sobre todo para exponer cuáles son las principales construcciones sociales obstaculizantes que se presentan a la hora de mantener relaciones sexuales y priorizar el goce propio.

Las redes demandan síntesis, contenido atractivo, una dictadura de los formatos breves y del minuto al frente. Demanda pensar estrategias para lograr ampliar la comunicación y llegar a más usuarixs. Precisa de la accesibilidad y de la interacción, de la necesaria certeza de que del otro lado hay una persona humana que te comprende y tiene los conocimientos para dar con la respuesta que precisas, o simplemente para abrir nuevos horizontes sobre la mirada propia del cuerpo. 

Por eso en estos casos, como en tantos otros, el espacio de interacción, del ida y vuelta entre cuentas, se vuelve crucial. Se trata de correr a un lado el esquema de demonización de las redes, para lograr utilizarlas como un instrumento que ayude a hacer más abarcativo el alcance de los derechos. 

El rol de las profesionales devenidas en influencers es clave, no solo por la posición de poder que ocupan, sino porque en tiempos de individualismo feroz y del sálvese quién pueda ―que implican el cuestionamiento a la universalidad y publicidad de determinados servicios consagrados como derechos― lograr encontrar, aunque sean mediatizados, un rostro y una voz de contención que acompañen y enseñen para lograr alcanzar una mayor soberanía sobre nuestros cuerpos es, de mínima, fundamental y, por qué no, refundacional de la concepción que una persona tiene de sí misma y de sus relaciones sexoafectivas. 

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