La ciencia argentina lo hizo de nuevo. Un equipo de doctores y profesionales liderado por José Mordoh, pero conformado en casi su totalidad por investigadoras del Conicet como María Marcela Barrio, Ana Mordoh, Alicia Bravo e Ibel Carri, logró crear tras décadas de estudio Vaccimel, una vacuna terapéutica desarrollada contra el melanoma que demostró ser mucho menos tóxica que el fármaco interferón, utilizado hasta el momento, y prolongar más la sobrevida libre de metástasis en los pacientes con alto riesgo de recaída que padecen este tipo de cárcel de piel, el más agresivo. El hito es significativo dado que en nuestro país se estima entre 1.200 y 1.500 la cantidad de casos de melanoma anuales, con alrededor de 600 fallecimientos.
Los resultados así lo demostraron: la mitad de los pacientes tratados con Vaccimel recayó a los 96 meses mientras que la mitad de los tratados con interferón lo hizo a los 13 meses. Además, con un seguimiento durante 91 y 223 meses de 30 pacientes tratados con la vacuna en distintos estudios clínicos, cuatro años después de la vacunación, 3 de cada 4 no presentaron metástasis a distancia (es decir, cuando el tumor se disemina a órganos lejanos). Su eficacia fue del 72,8% en los ensayos clínicos, un número muy superior a los tratamientos convencionales.
Mordoh es investigador Superior del CONICET y director del Centro de Investigaciones Oncológicas de la Fundación Cáncer. Se recibió de médico en la UBA, con Diploma de Honor. Ha sido discípulo de los premios Nobel Luis F. Leloir (Argentina) y François Jacob (Francia). Según sus dichos, recabados por la entrevista que le hizo Bruno Aredes para el Hospital Italiano, la vacuna no es preventiva y su función está dirigida a la gente que ya tiene el melanoma pero en los estadios más tempranos de la enfermedad. En dichos casos, se da la vacuna para cortar el crecimiento de las células que pueden haber quedado en algún lugar del cuerpo. Los primeros efectos comienzan a notarse en los primeros seis meses. Actualmente, están tratando de aumentar la antigenicidad y analizando la posibilidad de combinarla con otras inmunoterapias para incrementar su eficacia. Lo particular y beneficioso de esta vacuna es que aprovecha las defensas naturales del cuerpo sin generar efectos secundarios dañinos.
Tras rigurosos ensayos clínicos, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) aprobó su aplicación en las últimas semanas del 2025. El equipo de investigación inició este proyecto hace 35 años, compuesto por aproximadamente 60 personas, entre ellas Marcela Barrio, doctora en Biología, investigadora del Conicet y subdirectora del Centro de Investigaciones Oncológicas (CIO) de la FUCA. En diálogo con Innova Salud Digital, contó que si bien ya trabajaba en el equipo del Dr. Mordoh desde hacía 15 años, se incorporó al proyecto de la vacuna en 2002. Participó específicamente en la producción en el CIO, realizó estudios preclínicos en ratones, formó parte de los ensayos clínicos y del estudio de la respuesta inmune de los pacientes vacunados, analizando las muestras de sangre obtenidas antes y después del tratamiento. En los últimos años, trabajó activamente en la transferencia del desarrollo al laboratorio Pablo Cassará, que tiene la licencia para la producción y comercialización de Vaccimel, que prevé trece dosis que deben ser administradas durante dos años.
El CIO opera como una unidad asociada al Conicet y se ubica en el predio del Instituto Alexander Fleming. Junto con la doctora, trabajan también otras grandes profesionales como Estrella Levy, Ayelén Pesce Viglietti y Mariana Aris. Todas ellas investigan distintos tipos de cánceres, desde leucemia mieloide crónica y melanoma, hasta cáncer de mama y de vejiga. Todas ellas ponen sus conocimientos cada día al servicio de la sociedad con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los y las argentinas, transformándose en un soplo de esperanza que recuerda las bondades de un sistema científico robusto y desarrollado durante décadas, hoy en peligro de desmoronarse.