El goce continúa siendo, aunque develado (en parte), un tema tabú del que incomoda hablar. Más aún si se trata de hablar de él como derecho y como salud. Y el desafío es mayor todavía cuando se lo intenta debatir en algunos lugares del país en los cuales el conservadurismo sigue aún en pie y goza de buena salud.
Mariana Álvarez, abogada feminista y socia fundadora de MXM Tucumán, y Florencia Sabaté, estudiante avanzada de la carrera de Letras en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) son miembras de la Fundación Mujeres por Mujeres, surgida en 2016 con fuerte arraigo en el activismo por los derechos sexuales y reproductivos.
El caso inicial que aúna los caminos de las distintas integrantes de MxM fue “Belén”, la joven que estuvo presa por un supuesto homicidio y que en realidad había tenido una complicación con un embarazo que no sabía que estaba atravesando. Este caso reunió todos los elementos que forman parte del motor de la fundación: la lucha por la autonomía sexual y la soberanía reproductiva, el reconocimiento de las interseccionalidades en los procesos de justicia, la búsqueda de construir la justicia como una red que no se limita solo a los tribunales.
Su objetivo es acompañar a las mujeres que sufren distintas violencias a través de un abordaje interdisciplinario.
El 28 de mayo hicieron público un manifiesto para hablar del goce como salud, en el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. Por eso nos interesó charlar con ellas y cuestionar(nos): ¿de qué goce está avalado hablar? ¿Qué implica hablar de goce como derecho? ¿Qué se esconde detrás de su arrojamiento al oscurantismo del habla cotidiana?
Periodista: ¿Cómo es la relación de las mujeres con el goce? ¿Qué hacemos con él, cómo lo experimentamos?
Flor: La relación de las mujeres con el goce ha sido una relación larga y trabajosa. Una relación que durante muchos años se dijo que no debía ser porque “las mujeres no deben siquiera hablar de goce ¿Cómo se nos ocurre sentirlo?”. Así, la relación con el goce se dio tras bambalinas, de forma clandestina.
Cuando algo está vedado de las charlas se construye a través de eso una fantasmagoría peligrosa. El goce no fue la excepción a esta regla, en la que durante décadas el sexo, el placer, los estímulos eran “malas palabras” y si una mujer las pronunciaba daban cuenta de su baja moral.
En este contexto crecieron muchas mujeres, experimentando un placer sexual encorsetado, lleno de estigmas y miedo. A la vez que sabían que muchas de sus fantasías estaban fuera del tablero por no poder siquiera hablarlo, que no existía margen de error, que no había experimentación posible.
En lo personal, soy de la generación que creció con la ley 26.150 que prevé la enseñanza de la ESI en todos los establecimientos educativos. Si bien no tuve la suerte de que se implemente como sé que debiera haber sido, el goce si era un tema que circulaba a viva voz en mi adolescencia. Sí hablábamos del disfrute como algo de lo que sentirnos orgullosas. Y ese orgullo es un logro feminista.
El sacar al goce del oscurantismo conservador en el que estaba fue una meca alcanzada por años de lucha feminista.
P: ¿Cómo es la intersección entre el goce y lo político?
MxM: La intersección entre gozar y lo político va anudado irreductiblemente a las políticas sobre el cuerpo. Los cuerpos que se leen como feminizados estuvieron siempre al servicio del goce y del disfrute ajeno.
Reivindicar el derecho al placer, y gozar del cuerpo, es un ejercicio de autonomía para esos cuerpos feminizados e implica necesariamente un ejercicio de ciudadanía que va a ser resistido. El placer es visto como improductivo y no redituable en esos cuerpos, no reproducen, no se abnegan y se entregan a otros…viven y gozan solo por sí mismos.
Justamente, leer el gozo y el disfrute del cuerpo desde el lenguaje de derechos es lo que pone de relieve que detrás hay no solo una discusión por igualdad, sino también una discusión y una disputa por el mismo derecho a gozar de una vida sexual placentera sin que esté ligada a la reproducción ni deberle esta «erogación» a ningún cuerpo social ni estructura económica ni estado.
El ligarlo al derecho a la salud sexual, reproductiva y no reproductiva por un lado lo enmarca en el ámbito de los derechos humanos, y por otro lo torna exigible.
P: Tener derecho al goce, poder conocer y disfrutar el cuerpo propio, es una cuestión de igualdad, como afirman ustedes, ¿qué se oculta detrás de la prohibición y por qué creen que en algunos lugares sigue siendo un derecho vedado?
MxM: Creemos que el sujeto deseante y el que por antonomasia puede hacer valer, manifestar e imponer su deseo son los sujetos masculinos y heterosexuales.
Todo el mercado y el mainstream del entretenimiento y la cultura nos lo siguen mostrando de ese modo. Sabemos perfectamente que desean, que quieren y hasta como lo quieren…
Ni las mujeres, ni las personas LGBT, tienen esa libertad de expresión ni de recepción de sus propios deseos.
No al placer per se, sino a que desde el Estado se deben crear las condiciones para que ello ocurra.
Toda persona debería contar con información científica, confiable y accesible acerca del funcionamiento de su propio cuerpo, cómo cuidarlo, y como mantener relaciones sexo afectivas seguras, esto se logra mediante una ESI libre de estereotipos y mandatos de género al respecto.
Cómo Estado debo brindar información y acceso real a los métodos anticonceptivos a toda la ciudadanía.
P: Ustedes afirman que “el goce es salud”, ¿qué posibilita conceptualizarlo de esa manera?
MxM: Sigue siendo un tabú hablar del goce y el disfrute no heterosexual…como ejemplo, ni siquiera se incluye abiertamente campos de látex para mujeres lesbianas, deben construirlos a partir de preservativos, hace pocos días un funcionario creyó que señalar que si un gobierno entregaba geles íntimos era poco serio o no formaba parte de un programa de salud.
P: Desde su punto de vista, ¿cómo son representadxs actualmente lxs sujetxs de deseo y culpa? ¿Quiénes se encuentran en cada polo, qué licencias tienen?
MxM: Las mujeres y las personas con capacidad de gestar saben que el «peaje» por disfrutar de la sexualidad es la posibilidad de un embarazo, la maternidad obligatoria, más allá de la sanción de la ley 27610, en nuestro país, todavía sigue siendo un mandato a deconstruir.
Muchas personas siguen creyendo que es el costo a pagar por tener sexo y que deben afrontarlo.
Muchas siguen viviendo su sexualidad con culpa inclusive no solo ya del presente, sino de un futuro, la «reputación» y las construcciones en torno a la sexualidad femenina siguen pesando en los imaginarios.
Muchas sin ser madres, y a lo mejor sin desear serlo, se plantean como vivir su sexualidad en torno a un «qué dirán mis hijos».
P: ¿Cómo se desarma la relación aprendida y heredada respecto al placer sexual? ¿Qué iniciativas hacen falta?
MxM: Para desandar todo un entramado de subordinación se necesita reforzar e implementar seria y efectivamente la ESI, desarmar estereotipos, atribuciones y roles sexuales no es una tarea que se haga de un día para otro, pero la educación tiene un papel central.
Argentina tiene leyes, hace muy poco que el aborto se inscribió en la legalidad y en el horizonte de lo posible para muchas personas, pero la maternidad continúa siendo un mandato muy fuerte para las mujeres y para las personas con capacidad de gestar.
Hacen falta más políticas públicas en torno al disfrute y goce de una vida sexual sin violencias, que no sea hetero centrada, que no sea “edadista” ni capacitista.
P: ¿Cuál es el estado de aplicación actual de la ESI en Tucumán?
MxM: Bueno, si hablamos de ESI en Tucumán conviene hacer un recorrido para entender las artimañas conservadoras que dilataron su aplicación correcta en la provincia por dieciséis años y cómo estamos ahora.
En agosto del 2022 en Tucumán la Legislatura llamó a debatir dos proyectos de Ley para adherir a la ley nacional 26.150. En una euforia que no termina olvidamos leer la letra chica de estas maniobras que, según entendemos las feministas, son sospechosas. La estrategia de los conservadurismos tucumanos de “re-debatir” temas saldados para que no estemos nunca tranquiles con los derechos adquiridos no es novedad y menos cuando hablamos de autonomía sexual. Lo peligroso de este debate fue que, a modo de caballo de troya, se escuchó en el recinto cuestiones que entendíamos saldadas: “la responsabilidad parental está por sobre la del derecho a la educación de les niñes”, “la anticoncepción de emergencia es un delito” y “el matrimonio igualitario no se adecua a la ley”.
Entre las viejas estrategias de los nuevos conservadurismos que no pudimos ver los feminismos producto de la alegría por este debate, un tanto retrógrado, fue que se planteó a las familias y al núcleo familiar total como un factor esencial en la “orientación de la educación de las infancias”. En nuestro norte conservador que rara vez se aleja de hablar de valores familiares este no es solo un caballo de troya sino es el verdadero “me infiltro en el sistema y exploto desde adentro”. Requiere tiempo y una cabeza fría para poder hacer un análisis del discurso fino que dé cuenta de los artilugios que se utilizan desde los sectores conservadores para incluir terceros a debates que no les competen.
Pero ¿por qué la euforia? ¿Acaso antes de agosto Tucumán no tenía ESI? Claro que sí. Y el desconocer esto hizo que nos nublemos en una cortina de humo. El Artículo 9 Inc. 13 de la Ley Provincial 8391 se establece incorporar en la propuesta educativa provincial la Educación Sexual Integral. Y la prevé desde un abordaje integral que compute los aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.
Así, muchas instituciones sí se plegaban a la legislación vigente y muchos docentes brindaban a sus educandos una educación en derechos. Decir lo contrario sería desconocer una política pública que, aunque deficitaria, se erigió durante años frente a un territorio hostil y conservador.
Lo que conviene pensar ahora es ¿qué ESI es posible sin acceso a MACs de forma gratuita? Tucumán sigue siendo la única provincia en no adherir a la ley 25.673 del Programa de salud sexual.
P: ¿Cómo generar espacios y oportunidades para expresarse alrededor del goce y así poder sacarlo de la sombra del tabú al que fue arrojado?
MxM: El sacar al goce del oscurantismo conservador en el que estuvo durante mucho tiempo es un proceso paulatino. Como planteábamos antes estamos en una generación que entiende el empoderamiento sexual y la soberanía sobre los cuerpos desde la praxis.
Que dialoga sobre el goce en la facultad, en las cenas familiares, en los grupos de amigos. Que escucha del tema en redes sociales y multiplica el mensaje.
Pero entendemos que el goce que se ha desclosetado es un goce heterosexual, que no estamos hablando aún del amplio abanico que la comunidad LGTBIQ nos plantea en términos de placer y el desconocimiento que existe a nivel social sobre el disfrute y los cuidados que subyacen a estas experiencias.
Consideramos que los espacios se generan estando en los lugares donde quizás, de modo orgánico, estos temas no surgirían. Haciendo correr la bola sobre una experiencia, y sembrando la duda. No hay como incomodarse con la propia realidad para motivarse para la acción.
En el pasado año hemos tenido la suerte de poder acceder a lugares de nuestra provincia sumamente conservadores en los que hemos podido hablar de goce, consentimiento, métodos anticonceptivos y, en algunos casos, aborto.
Este es un proceso que, como las randeras, se teje de forma colectiva y con paciencia.