De la conmoción a la acción. Notas sobre Barbie.

Si bien pasaron algunas semanas desde su estreno y la mayoría se subió al Barbie core para vivir la experiencia cinematográfica de la película, el fenómeno rosa no para y sigue cosechando récords. Greta Gerwig se convirtió en la primera directora que consiguió cosechar más de mil millones de dólares en tan poco tiempo. Producida por Warner Bros, es la primera película de la empresa en alcanzar ese récord (diecisiete días para ser exactas). Pero detrás del éxito medible en dinero, tiempo en taquilla y entradas vendidas, se extiende algo aún mejor: la invitación a pensar.

No le podemos pedir a una película que haga la revolución. Pero podemos pedirle que nos interrogue y haga interrogar. Su éxito radica en tomar algunas de las posiciones del feminismo, que fueron adoptadas por el pinkwashing como parte de la estrategia comercial de diversas empresas ―como sucedió por ejemplo con el girl power, que apuntó más a una pose moral para ser bien vistas socialmente más que a lograr cambios significativos dentro de la propia estructura empresarial―, para darlas vuelta y hacer una crítica social bajo el manto del humor y la sátira. Es decir, se ríe de esas frases pero también las usa a su favor.

Debajo de la brillantina y el rosado, el film supo buscarle la vuelta a, por un lado, la industria comercial comandada por Mattel, y por el otro, a la propia industria cinematográfica estadounidense. Y lo hace siguiendo las propias lógicas y normas de ambos mundos, adhiriéndose a ellos para introducir un caballo de troya y reírse de sí. 

Un mérito a destacar, al menos para esta escritora, es el de saber plantear en la película de la muñeca de los sueños de casi todas las infancias, original o réplica, una cantidad de líneas problemáticas que hacen que inevitablemente abandones esa sala de cine con una pregunta. O con una conmoción, en el sentido estricto de la palabra. Algo nos perturba y se mueve dentro de cada una. Es algo que nos pasa por la propia experiencia de ser mujer en un mundo ordenado bajo lógicas patriarcales.

La película también nos hace pensar en la muerte. De hecho, de la pregunta por la muerte sale la pregunta por la vida. De cuestionar cuándo será el fin de la vida, surge el cuestionarse que se está haciendo con ella. Barbie no deja de ser muñeca y al mismo tiempo es humana. No rompe con los estereotipos hegemónicos estéticos, pero no lo hace para poder burlarse de ellos. Y lo hace porque sigue la moraleja indeclinable que ha enseñado durante generaciones: “Sé lo que deseas ser”

La maternidad como un ejercicio a prueba 

Más allá de la división sexual del trabajo que relega a las mujeres al espacio doméstico y a las tareas de cuidado, más allá de que hizo falta un disciplinamiento de los cuerpos para que vean en una función reproductora su destino, lo cierto es que hay algo interesante que se explora. Se puede ejercer la maternidad con amor y comprensión, si así se lo desea. Se puede vivir la maternidad atravesada por otras vicisitudes propias de las condiciones en las que se la ejerce que imposibilita alcanzar el ideal de la entrega. Se puede vivir la maternidad como se puede. Pero lo que no se puede es olvidar que dentro de esa madre continúa existiendo una niña que jugó con su muñeca y que aún sigue explorando todo lo que quiere ser.

El sentir relacionado al “nido vacío” o la soledad que se experimenta cuando la relación de dependencia se va reduciendo a medida que los niños crecen, pone en cuestión todo el mundo madre: si hasta ahora me dedique a esto, ahora me encuentro perdida porque perdí aquello a lo que me aferre. ¿Entonces qué nos queda? Queda la vida en sus infinitas formas.

La pregunta de qué se espera de nosotras en la sociedad la sabemos contestar todas. Pero, ¿qué esperamos nosotras? Transitar esa pregunta, tanto si se materna como si no, es el trasfondo sobre el que se despliega el deseo. 

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