Nuestras maneras de relacionarnos cambiaron. La mediatización de nuestra vida social y el uso de las redes provocó que nuestro modo de ver y concebir los vínculos se ajuste a la directriz del algoritmo y del me gusta, a la respuesta inmediata. De un modo u otro, la comunicación se convirtió en el centro de los conflictos vinculares, paradójicamente, tanto por falta como por exceso. Pero, ¿cuál es el precio a pagar por este mundo de oportunidades que ofrece cuál menú con quienes podemos relacionarnos?
Para pensar un poco sobre esta cuestión y reflexionar sobre nuestro modo de relacionarnos con el otro —aunque también con nosotrxs mismxs—, hablamos con la psicoanalista Claudia Guissi Ferreira. Para ella, el problema de concebir a nuestros vínculos con la inmediatez y velocidad de las redes sociales es que en verdad “somos territorios sexuales, no pautas publicitarias que se leen en segundos” y una construcción vincular “conlleva tiempo, fases de exploración, tiempos de observación y lectura emocional” que no es posible que se produzca en un solo encuentro y de manera repentina.
Ansiedades, el sentimiento del desgaste al momento de empezar un nuevo vínculo, temor a estar solx con unx mismx, goce, conexión y cómo ponerle fin de manera sana a vínculos sexo-afectivos. ¿Te resuena alguno de estos temas? Entonces te invitamos a que sigas leyendo.
Periodista: ¿Hay alguna problemática o tema que surja en las consultas sobre vínculos de pareja de manera repetitiva?
Entrevistada: En la práctica clínica siempre se exponen temáticas diferentes, emergen distintos conflictos. Sin embargo, la comunicación (la falta, el exceso, los estilos de comunicación) es una variable que enhebra casi todos los conflictos vinculares.
La comunicación es crucial para generar acuerdos, y éstos para llevar adelante un vínculo que se pretenda sano.
Ejemplo típico de problema de comunicación: asumir que la otra persona piensa, opina o siente algo. Aquí sugiero preguntar siempre, asumir nunca. Ni siquiera lo más simple. Está muy instalada la idea de que debemos saber lo que opina la otra persona dado que la conocemos. Pero justamente allí radica el problema de comunicación: la ausencia de preguntas sobre cómo y qué quiere le otrx.
P: ¿Cómo afecta a las relaciones la mediatización, nuestros movimientos en redes y la propia ansiedad que trae aparejado el estar siempre conectados?
E: Aquí los puntos cruciales son la inmediatez y la dependencia a la aprobación. Las redes sociales nos ofrecen inmediata satisfacción: buscamos algo y velozmente lo conseguimos, dándonos la sensación de que el encuentro con nuestro deseo y el del otrx son así de veloces y voraces. Pues no. La construcción vincular conlleva tiempo, fases de exploración, tiempos de observación, lectura emocional. Nada inmediato, por el contrario, es una ardua tarea con mucha responsabilidad afectiva conocer al otro. No fluye, se construye un vínculo.
En cuanto a la dependencia a la aprobación: la Hiper conexión a redes nos hacen seres hambrientos de ese like, por ese corazón proporcionado por dos clicks que se suman y nos dan la sensación de estar habilitados. “Lo que subí, gusta. Yo gusto”. ¿Qué pasa si nadie envía ese corazón tan esperado, si nadie comenta lo que expuse? En la construcción vincular no sucede así de veloz, ni fácil, ni hay expendedores de corazones. Se trata de indagar qué y cómo le gusta al otro mostrar. Que y como demuestra el otro que le gusta.
La necesidad de gustar y ser gustados velozmente ha aumentado el nivel de ansiedad en los últimos 5 años a la hora de empezar un vínculo. Pretendemos indicadores inmediatos de que el otro gusta de manera completa y radical de nosotros. No funciona así: se explora de manera parcial al otro y vamos eligiéndonos. Aquí Julio Cortázar no estaría de acuerdo conmigo cuando dice que el amor es como “un rayo que te parte los huesos”. Julio es más inmediato y voraz, como un like.
P: ¿Qué sucede con el goce otro y el goce propio en este contexto?
E: Entendiendo goce como satisfacción sexual (para ser estricta goce en Psicoanálisis es otra cosa muy distinta) queda muy reducido, sumiso, aplastado: no nos permitimos el tiempo que supone explorar los cuerpos, los sentires, los deseos del otro. Si tiene que fluir inmediatamente, lo que dura un reel, ¿cómo se puede indagar el territorio extenso de la sexualidad de un ser nuevo?
El punto clave aquí es el tiempo de exploración, observación y paciencia. Somos territorios sexuales, no pautas publicitarias que se leen en segundos.
P: ¿Qué observas que sucede con respecto a los rechazos que muchas personas le tienen a arrancar un nuevo vínculo o, al contrario, a no estar solxs?
E: No creo que se trate de un rechazo a arrancar un vínculo. Sino del desgaste que muchas personas sienten para iniciar la exploración vincular. Como veníamos charlando, todo se pretende inmediato y funcional. “Pegamos onda, fluimos de inmediato”. El inicio de un vínculo supone un trabajo de observación, expedición hacia los propios modelos familiares de vínculos, indagación sobre el cuerpo del otro. Amar es una construcción laboriosa, y por lo tanto, cuesta estar disponibles para arrancar en esta aventura.
En cuanto al miedo a estar solxs, o mejor dicho, temor a estar a solas con unx mismx. Existe un gran ascenso de casos de “miedo a la soledad”. Ese silencio de domingo, la actividad solitaria vista como tedio y aburrimiento hace que muchas personas sostengan vínculos que no desean solo por transitar el silencio acompañados.
Aquí sugiero pasar tiempo en silencio. Obligarse, si. Porque el silencio no está de moda. Buscar un espacio para pasar un rato a solas con uno y saber qué deseamos, qué cenamos, qué bebemos. Solos. Un rato. No se asusten, un intervalo en soledad no es la sentencia a quedarse solx.
P: ¿Qué ponemos en juego a la hora de vincularnos con lxs otrxs?
E: Cuando nos vinculamos ponemos en tensión varios aspectos de nosotrxs, sin que ninguno sea más importante que el otro. Se activan diferentes consignas no conscientes: ¿Qué entendemos por amor? ¿Cómo se amaron quienes nos enseñaron sobre el amor? ¿Cuáles fueron nuestras referencias afectivas? Cada vínculo pondrá en tensión diferentes aristas de nuestra personalidad.
Socialmente está mejor posicionado “tener pareja” a estar solxs. La presión social, especialmente para las mujeres (si, aún en el 2023) indica que se goza de mayor salud mental en pareja que en en vínculo con unx mismo en soledad. Por lo tanto, muchas veces lo que estamos dispuestxs a poner en juego para vincularnos es demasiado.
Aquí sugiero prestar atención a nociones como parcialidad y totalidad. No entregamos TODO al otro, tampoco sería lo deseable. Nos vamos explorando de manera parcial y construida.
P: ¿Nos cuesta más o menos conectar ahora? ¿Qué rol le asignas a la falta o al exceso de comunicación?
E: En principio quisiera decir que “conectar” no es nada sencillo. Tengamos en cuenta que en el encuentro entre dos seres lo que está en juego son lenguajes diferentes en relación al amor, al sexo, al compartir. Nos empezamos a escuchar, porque somos seres políglotas emocionales, y a entender. Con lo cual cada vez que conectes con alguien sabé que has hecho un laborioso camino. Lo anterior a eso son reacciones químicas en el cuerpo cuando alguien te gusta. Es valioso, pero no es conectar.
En mi experiencia como profesional considero que la comunicación es el portal de entrada para entender cómo vincularnos de manera sana. Sugiero evitar los polos exceso/escasez. Exceso de comunicación: después de generar acuerdos, de explorar y preguntar claramente qué quiere y siente él otrx, sería deseable dejar que lo charlado haga efecto. Demos lugar a vivir el vínculo en vez de hablar del vínculo todo el tiempo. Hasta que un nuevo acuerdo o problema incite la charla nuevamente. Un mix entre comunicar y dejar operar la palabra dicha. Escasez de comunicación: guardar silencio ante una duda. Asumir la postura que tiene el otro. Adivinar lo que siente la pareja. Todo ello es materia prima para un problema de comunicación enorme en la pareja. Ante una incógnita, aunque sea lo más sencillo, es lícita la pregunta y nunca la asunción.
P: ¿Qué concepción de los vínculos crees que está detrás de cómo nos pensamos?
E: En principio, para pensar en un vínculo deberíamos pulverizar la concepción que se tiene sobre “el amor incondicional”. El problema radica justamente en pensar que el amor es SIN condiciones, el amor es A PESAR de mí. Me atraviesa, no decido. El amor es un acto voluntario y político absolutamente condicional, con condiciones.
Para pensar en la salubridad de un vínculo debemos pensar en las condiciones que pondremos y nos pondrán para amar. Sin tapujos, ofrecer al otrx mis condiciones, deseos y necesidades para llevarnos mejor. La Biblia (los vínculos son asunto de interés hace milenios) menciona al amor como algo incondicional: “(…) El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (…)” 1 Corintios 13:4. Me voy a atrever a contradecir la palabra de Dios. Justamente la noción de que el amor todo lo soporta es lo que posibilita que los vínculos se soporten a pesar del dolor y no se construyan en base al respeto.
P: ¿Cómo es el proceso de sanar vínculos sexo-afectivos para poder encarar otros nuevos?
E: En principio podría decir que mucho se habla de la construcción sana de vínculos, que me parece necesario que se piense y escriba al respecto, pero se expone muy poco sobre el desenlace sano de los vínculos. Incorporar la noción de final en un vínculo forma parte de la construcción adulta y saludable de una relación. Estamos muy acostumbradxs a pensar en el amor como algo para siempre. La lógica del amor romántico nos compromete con frases como “lo daría todo”, “es para siempre”, todos formatos que nos aseguran la frustración.
Es lógico que cuando conocemos a un ser nuevo no estemos pensando en culminar el vínculo. Pero sería deseable alejarnos de las premisas tan absolutas como “toda la vida” y pensar en el disfrute construido y que el final del vínculo puede ser igual de sano que el inicio.
Para sanar un vínculo que no funcionó, debemos incorporar la noción de duelo. Darle lugar al hecho de que no funcionó la combinación entre esos específicos dos seres. Revisar qué de nosotrxs no pudo ser construido en pareja. Darnos tiempo de silencio. Entender que cada encuentro es novedoso y que no necesariamente va a volver a ocurrir aquello pasado que no funcionó.