En los últimos años, las rutinas de skin care inundan todos los feed de nuestras redes sociales. Como en LABIA nos tomamos muy en serio nuestra salud, pensamos que era una buena idea hablar con alguien que nos tire algunas postas de lo que tenemos que tener en cuenta.
Les presentamos a la doctora Irene Vera, o @dermatoinclusivx en Instagram, para que nos aporte una mirada integral sobre el cuidado de nuestra piel.
Periodista: ¿Cómo percibís el cambio de mentalidad que se produjo alrededor del cuidado de la piel y la concientización sobre ella?
Irene: En lo mainstream lo percibo muy superficial, clasista y descontextualizado. Luego de la pandemia explotaron las rutinas de skin care en las redes, a veces con mensajes muy peligrosos: se percibe como adecuado cuantos más pasos tenga y cuanto más caro sea. El cuidado a la toma de sol se polarizó entre personas que niegan todo beneficio a la exposición solar y otro grupo que promueve exponerse sin cuidado alguno a la radiación. Son pocas las voces que veo hablando de una real conciencia de hacer un cambio en el estilo de vida para que eso se vea reflejado en la piel, y que se ponga énfasis en el skin care interno como forma de cuidar nuestra salud.
P: ¿Cuáles son las consultas más frecuentes? ¿Ocurre que con el auge del skincare también existe algo de desinformación en torno a ella o presiones extras?
I: Los motivos de atención más frecuentes en mi consulta son acné, rosácea y caída de pelo. Creo que si bien son consultas muy frecuentes también se segmentan de acuerdo a lo que una muestra en redes. Por ejemplo, el consumo de vitamina B12 por personas que siguen dietas basadas en plantas trae aparejado que muchas personas experimenten brotes de acné. Mi población consultante vegana o vegetariana es una gran porción y por ello acné es lo que más trato. Igualmente creo que refleja lo cotidiano de muchas personas dermatólogas, el acné es una de las enfermedades más comunes, subestimada y mal interpretada de nuestra especialidad.
Con respecto al skin care y su auge, obviamente hay muchísima desinformación y abundancia de “gurúes de la piel”. Las presiones comienzan desde muy temprana edad. Niñas desde los 11 años siguiendo complejas rutinas de cuidado (no diseñadas para ellas ya que su piel no es la misma que la de una mujer adulta), obsesión por poros, signos de envejecimiento. Otra práctica preocupante es el exceso de colocación de rellenos en personas de 20 años. Muchas veces es triste ver que se los vende desde la óptica de “empoderamiento femenino”.
P: ¿Cuáles son los tips principales para una piel saludable? ¿Ante qué reacciones es importante acudir a un especialista o, al menos, no naturalizarlas y hacerle un seguimiento?
I: Para una piel saludable por fuera, una rutina minimalista que incluya higiene, hidratación —acorde al estado de la piel de esa persona en su particular itinerario de vida, no creo en los “tipos de piel”— y entender y hacer uso de la fotoprotección. Trabajar sobre 4 pilares de estilo de vida: ejercicio (super antiage), buen descanso, buena alimentación —alejada de los azúcares agregados, ultraprocesados, con una buena variedad semanal de plantas— y tener herramientas para manejar el estrés.
Cualquier lesión que aparezca en la piel es digna de realizar una consulta, especialmente si es algo que no desaparece y persiste en el tiempo. No normalizar las señales que da la piel, aún las que creas banales como caspa o caída de pelo. Realizar un control de lunares de cuerpo entero con tu dermatólogo una vez al año también está dentro de lo que podemos hacer para mantener una piel saludable y detectar lesiones a tiempo antes que se transformen en un problema serio.
P: ¿Qué factores afectan a la piel al margen de los productos que podamos aplicarle? ¿Te parece que aún queda pendiente alguna cuestión por abordar o que a la que no se le presta demasiada atención?
I: Más allá de lo que coloquemos sobre ella, a la piel la afectan muchos agentes externos. Ejemplos de ellos son la radiación solar, el clima, la polución, los tóxicos como el tabaco, el estilo de vida sedentario, entre otros. Muchos de esos factores se conocen o engloban como “exposoma” y contribuyen a acelerar el envejecimiento y la oxidación de nuestra piel.
En relación a la segunda pregunta, sí, la dermatología está atravesando una revolución. Antes estudiábamos en la residencia un capítulo de dermatosis a las que llamábamos metabólicas, por ejemplo las manifestaciones de la diabetes en la piel, pero lo que está cambiando en la mirada en estos últimos años es el darnos cuenta que la mayoría de las enfermedades corresponden a un proceso metabólico interno. Insisto con el acné: antes se hacía la diferencia entre el acné de la adolescencia y el acné hormonal. Hoy sabemos que todo acné es hormonal y debe ser estudiado y tratado desde sus causas.
P: ¿Cuáles son las prácticas más preocupantes que observas?
I: Ver prácticas que deberían realizar sólo personas médicas hechas por personal no médico. Por ejemplo, el uso de algunos láseres.
Ver la colocación de rellenos en exceso en personas muy jóvenes, como la tendencia de “labios rusos” que van a traer aparejado no solo complicación físicas sino psicológicas en las personas en el mediano plazo.
Aparatos como los “lápices automáticos de hialurónico” que autoinyectan por presión sin agujas, entre otras tendencias.