Las redes sociales son herramientas que pueden ayudarnos a ampliar y hacer más ameno nuestro mundo aún en los momentos más difíciles. Esa era la situación de Agustina Álvarez, la chica detrás de la cuenta @ampablog dedicada a la creación de contenido sobre maquillaje y skin care, cuando se separó de su pareja. En un momento como ese, cuando más se necesita de los afectos que permiten resguardarse, sintió mucho la distancia de su casa y de sus amigos. Cuando decidió estudiar, se mudó a Buenos Aires desde La Plata y no había logrado construir muchos más vínculos que el de sus compañeros y compañeras de estudio.
Pero esa ausencia, lejos de paralizar, produjo que se animara a llenar ese vacío con los medios a su alcance: así fue como creó “Sister Vibes”, el canal que empezó siendo un grupo de WhatsApp para quienes quisieran hacer amigas, pero que se llenó tan rápido que debió ser trasladado hacia Telegram y que devino en una comunidad que aloja a más de seis mil chicas de todas partes de Argentina. El grupo funciona como un espacio de contención y de escucha donde surgen historias de violencia de género, inquietudes por la situación económica (especialmente por el desempleo), dudas sobre salud y más cuestiones de la vida diaria que hacen a ese espacio en red para quienes se sienten solas o simplemente desean buscar nuevas amistades pero no saben cómo.
La premisa sigue siendo la misma que la de los inicios: lograr “hacer amigas”. El grupo aborda una variedad de temas y recorridos que van desde la escucha y contención de situaciones emocionales complejas, diagnósticos de salud difíciles, inquietudes sobre sexo o lectura, relato de hábitos o búsqueda de oportunidades laborales, o, como Agustina, el sentimiento de la soledad luego de migrar, ya sea cerca o lejos, de aquellos sitios que consideraban sus hogares. Todas y cada una son bienvenidas para contar y contarse a ellas mismas.
Tomando como referencia el relato de la periodista Rosario Bernasconi, quien escribió sobre su experiencia participando del grupo, dentro del canal hubo una chica que, por ejemplo, contó que recibía amenazas de su ex pareja. Una abogada que también participaba la asesoró, mientras otras la acompañaron. Otro tanto ocurrió con alguien que contó que renunció a su trabajo por el agotamiento generado por las condiciones laborales en las que trabajaba. A la pregunta sobre “¿Qué te gustaría hacer?”, y a la respuesta sobre un emprendimiento que le gustaría que creciera, le siguieron ideas para ayudarla, ya sea con compras, asesoramiento o difusión.
Pero lo particular de esta comunidad es que se animó a dar un paso más y muchas de ellas hasta se han encontrado de manera presencial. De hecho, como preludio pero también como consecuencia, se fueron formando grupos como desgloses del canal principal organizados por edades, barrios e intereses, estrechando lazos entre quienes tal vez nunca hubiesen conocido de otro modo.
Así, la importancia de la apuesta colectiva en los terrenos digitales, pero que también encuentran su correlato en el espacio físico valiéndose de las herramientas tecnológicas, adquiere otro cariz en la tarea de completar las ausencias. Si bien parte del sentimiento individual de sentirse sola lo sobrepasa y se esparce hasta tejer una red de contención que, en tiempos donde las instituciones que garantizaban el sostén del tejido social parecen desvanecerse, se posiciona como una alternativa sustitutiva, aunque sea en parte, o en una iniciativa con una potencia tal capaz de crear nuevas realidades.