“Hay cuerpos que valen más que otros para este sistema judicial patriarcal”

Integrantes de la CIAV en la presentación del libro
Libro editado por Tinta Limón

¿Por qué las causas de desaparición de mujeres y personas trans no avanzan? ¿Por qué se dejan al azar pistas iniciales que aparecen como evidentes sobre quiénes podrían ser los culpables? ¿Qué hace la Justicia por estas desapariciones? ¿Cómo afecta la mediatización de las causas? ¿Cuáles cuerpos importan? ¿Cómo pueden las múltiples desigualdades que vive una persona signar el destino de la causa que investiga su desaparición? Todas esas preguntas son las que surgen en un primer acercamiento al accionar judicial en casos de esta índole. Y todas estas preguntas —y muchas otras— son las que motivan la participación de la Colectiva de Intervención Ante las Violencias (CIAV) como peritos oficiales en muchos de ellos. 

Se trata de una organización de profesionales en ciencias forenses que trabaja en la identificación de personas desaparecidas en democracia aplicando herramientas de la antropología forense y de las ciencias sociales atravesadas por la interseccionalidad y la perspectiva de género. Investigan y colaboran en las causas judiciales a partir de un estudio más amplio que excede la mirada clásica fiscal, entendiendo que el punto de partida no se presenta cuando la persona desaparece, sino mucho antes, atendiendo a su contexto, sus vínculos y vivencias particulares. 

La CIAV acaba de presentar su libro (IM)PERICIAS. Una crítica feminista a la investigación de desapariciones, editado por Tinta Limón, en el que recogen la experiencia de una década de trabajo. Allí toman un puñado de casos clave para iluminar, entre otras cuestiones, los entramados posibles al momento de abordar un caso y la significatividad particular que porta el hecho de investigar las violencias en nuestro territorio.



Periodista: ¿Cuáles son las principales impericias y violencias con las que se encuentran en los procesos judiciales de desaparición de personas?

Entrevistadas: Las principales impericias dentro de los procesos judiciales de investigación se relacionan especialmente con un accionar automatizado en el que impera especialmente la desidia. En casos concretos esto se traduce, por ejemplo, en la construcción de hipótesis únicas para una causa, sesgando de ese modo la posibilidad de abarcar otras líneas de investigación. Además, también está la utilización de figuras penales “coyunturales” o que mejor se ajustan a la agenda pública o mediática. Parece más fácil —definitivamente no más efectivo— partir de lo conocido para iniciar una carátula que responda rápidamente a las causas de una desaparición, y en ese camino quedan por fuera muchas otras variables y análisis de múltiples violencias que ayudarían a pensar la investigación desde otros puntos de vista.

Las violencias, de la mano de la desidia y una suerte de inercia, están asociadas directamente a la discriminación que opera en la justicia a la hora de buscar, lo que conlleva a que haya víctimas con mayor o menor visibilidad y se vean acotadas las posibilidades de investigar de acuerdo a quién se está buscando. Asimismo, existe todavía más acentuada la discriminación y negligencia para casos de personas del colectivo LGTBIQ+, para quienes aún no está preparado el sistema de búsqueda que opera sobre las bases binarias femenino-masculino.

Otra de las impericias en un expediente judicial está relacionada con el modo en que la información se genera: ocurre muy a menudo que los expedientes acumulan información sin orden de prelación, declaraciones testimoniales a las que se adjudica un mismo nivel de importancia sin analizarlas, sin considerar el mayor valor que podría tener. Por ejemplo, un familiar cercano a la víctima frente a una persona “vidente” que dice haber tenido una revelación.

La falta de un enfoque integral que tenga en cuenta los contextos de vida de las personas que desaparecen también empantanan los procesos judiciales de búsqueda en tanto reproducen esquemas conocidos y automáticos de pasos a seguir que dejan de lado todo lo que puede decir de una persona aquello que pasó antes de su desaparición. Es por eso que decimos que creer que el perfil de una persona buscada comienza cuando desaparece es un error en el que se incurre repetidamente.

 

P: ¿Por qué  “los expedientes no son neutros”? ¿Qué se olvida y desconoce? ¿Qué centralidad adquiere el trabajo desde el territorio y desde el contexto de la persona desaparecida?

E: Consideramos que no existe neutralidad en los expedientes en la medida en que, como mencionamos anteriormente, la justicia que investiga reproduce estereotipos y discrimina. Esto genera una suerte de clasificación de las víctimas como buenas o malas y esa operación signa de alguna manera el curso de la investigación y los resultados. No es lo mismo buscar a una mujer que fue denunciada por su familia a las pocas horas de su desaparición, cuya vida parece responder a los patrones hegemónicos de conducta, que buscar a una persona transgénero, por ejemplo, denunciada por un amigo, amiga o compañerx de trabajo, que sufrió a lo largo de su vida violencias múltiples. Hay cuerpos que valen más que otros para este sistema judicial patriarcal. 

Por ese motivo, la centralidad especial que adquiere el trabajo desde el territorio y el contexto es el de recuperar esas voces a partir de conocer cómo era su vida antes de desaparecer: a qué violencias se enfrentaba; qué desigualdades sociales la atravesaban; qué dicen quienes lx conocen, entre otras. Investigar a partir de la vida de los cuerpos y de los territorios comprendiendo la complejidad de las situaciones individuales y que la identificación de una persona es un punto de partida, no de llegada.

 

P: ¿En qué consiste la nueva metodología o forma de investigar propuesta por ustedes?

E: En principio, la novedad de incorporar y articular diferentes disciplinas de las ciencias sociales en las que nos formamos. Un conjunto de saberes de nuestras carreras de grado y posgrado, junto con protocolos nacionales, internacionales y normativas. El modo en que accedemos a la lectura del expediente ya es diferente si consideramos nuestra formación.

Luego fuimos estableciendo algunos parámetros comunes producto de la experiencia de trabajo de estos 10 años. También fuimos construyendo diversas herramientas desde y para cada contexto particular. No trabajamos todos los casos de igual manera porque para nosotras es central reconstruir la vida de la persona que está siendo buscada, no solo sus últimos días. Conocer a quién se busca, cuál es su trayectoria de vida y sus relaciones permite entender por dónde ir en una investigación, permite establecer hipótesis, construir escenarios posibles y vínculos. Por último, también son una novedad la utilización de conceptos como interseccionalidad y perspectiva de género que están presentes en nuestra mirada.

 

P: Hay una frase suya que me parece muy reveladora, sobre todo en lo que respecta al tratamiento mediático, que es que “no arranca la historia de la persona cuando desaparece”, ¿cómo dialoga la causa judicial con la mediatización? ¿Cómo influye esa lectura en el expediente?

E: Por lo general, el diálogo entre ambas esferas no resulta positivo para el curso de una investigación. No solo porque se espectaculariza y se presenta un caso como extraordinario (cuando las denuncias sobre personas desaparecidas son mucho más cotidianas de lo que se cree), sino porque además esa estrategia de visibilización y de incidencia pública termina confundiéndose con las líneas e hipótesis de investigación que deben trabajarse en el expediente.

La mediatización es positiva si permite explicar fenómenos, problemáticas estructurales, si aporta a la prevención, si marca deficiencias del sistema judicial con la intención de informar, denunciar y transformarlas. Sin embargo, en nuestra experiencia el saldo es negativo porque en la mayoría de las coberturas el propósito no pareciera ser ese y termina generando lo que llamamos “ruido de fondo” en las causas.

 

P: ¿Por qué el Estado no sabe/quiere/puede buscar a las miles de mujeres y personas trans desaparecidas? ¿Por qué creen, como en el caso de María Cash, que tarda más de una década en continuar un hilo que incluso aparece como evidente?

E: Los factores pueden ser varios, muchos de los cuales fuimos mencionando en las respuestas. Además, la justicia está “entrenada” para determinar culpables, para fijar condenas; no así para encontrar personas. El caso de Tehuel es un claro ejemplo de esa lógica que parece culminar en un juicio, y sin embargo, el Estado todavía no puede responder dónde está. Para nosotras son dos caminos paralelos, la investigación penal y la búsqueda, ambos procesos necesarios de igual modo. Si fallaron los mecanismos de prevención y de asistencia, si fallaron los circuitos de contención, si se vulneraron derechos básicos, la restitución del cuerpo, la respuesta sobre qué le pasó y dónde está la persona buscada es imprescindible, especialmente en términos de reparación aunque sea insuficiente.

 

P: ¿Cómo investiga el Estado la desaparición de una persona trans? ¿Notan una menor urgencia? ¿Apuestan al olvido?

E: La desaparición de una persona trans se vuelve aún más compleja al interior de un sistema que sólo define en términos binarios y que únicamente reconoce 3 tipos de identificación: la de una mujer, la de un hombre o la de “indeterminado”. En este sentido, y recordando que la justicia es patriarcal y discriminadora, toda esa desidia y complejidades que encontramos a la hora de buscar a una mujer cuando no se tiene en cuenta la perspectiva de género en la investigación, se torna aún más evidente cuando se trata de una persona que construyó su identidad de género en las antípodas de los criterios sociales y culturales considerados tradicionales sobre la feminidad y la masculinidad, impugnando la normatividad que exige coherencia entre sexo genital y género. Las personas trans están a menudo sometidas a condiciones estructurales de vulnerabilidad, marginalidad y violencia sistemática lo que conlleva a múltiples exclusiones (del seno de la familia, del sistema de salud, instituciones educativas, mercado laboral). Este modo de vida y exclusión también condiciona el modo en que la justicia investiga sus desapariciones. La falta de urgencia, por lo tanto, responde a la marginalidad y vulnerabilidad que en vida ya lxs determina y excluye.

Por otro lado, desde las instituciones —fuerzas policiales, medicina legal e incluso áreas de la antropología forense— también es necesario cuestionarse el modo de abordar estos casos, considerando que falta información y técnicas específicas tanto para abordar los casos de investigación de personas travestis, transgénero, transexuales como para realizar las autopsias en los casos en que existe un cuerpo, relevar escenas del hecho en primera instancia, entre otras. Faltan aún herramientas que incorporen técnicas de estudio y análisis de nuevas representaciones dentro de las identificaciones, así como también la utilización de formularios y planillas que sean también funcionales a las identificaciones de las figuras corporales no binarias.

A la pregunta sobre si apuestan al olvido, diríamos que más que al olvido se apuesta a la invisibilización que transcurre a lo largo de la vida de estas personas y ,en este sentido, la desaparición o la muerte es el último eslabón en esta cadena de violencias múltiples y discriminación.

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